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Rector Pablo Vera abre otra residencia estudiantil y marca una gestión sin precedentes en Unimagdalena

por Álvaro Quintana Mendoza
El proyecto impulsado por Pablo Vera Salazar garantiza alojamiento gratuito a jóvenes con dificultades económicas.

La nueva sede ubicada en Los Laureles ya recibe estudiantes que no tenían cómo sostenerse en Santa Marta. La universidad asume todos los costos y amplía su apuesta por la permanencia.


En Santa Marta, la Universidad del Magdalena volvió a tomar una decisión que impacta directamente a sus estudiantes, y esta vez lo hizo con la entrada en funcionamiento de una nueva residencia estudiantil en el barrio Los Laureles, una iniciativa impulsada bajo la gestión del rector Pablo Vera Salazar, pensada para jóvenes que venían enfrentando serias dificultades económicas para poder continuar su formación.

La apertura de este espacio responde a una necesidad concreta que durante años ha golpeado a cientos de estudiantes, el alto costo de vivir en la ciudad, porque aunque muchos logran ingresar a la universidad, sostenerse termina siendo el verdadero obstáculo, ya que arriendos, servicios y alimentación elevan la carga económica, especialmente en el caso de quienes provienen de zonas rurales o municipios apartados y llegan sin una red de apoyo sólida.

Vivienda gratuita para sostener el estudio

El inmueble fue entregado en articulación con la Sociedad de Activos Especiales y posteriormente adecuado por la universidad, que asumió desde ese momento las inversiones necesarias para su funcionamiento, incluyendo mejoras en infraestructura, dotación de espacios y los costos de operación, lo que en la práctica significa que los estudiantes beneficiados acceden al servicio sin tener que pagar.

La residencia cuenta con cuatro niveles, apartamentos y habitaciones habilitadas para recibir a decenas de jóvenes por semestre, además dispone de conexión a internet, zonas comunes, sistemas de seguridad y condiciones que permiten una estadía digna, mientras que la inversión realizada supera los 600 millones de pesos, destinados a garantizar que el espacio cumpla con estándares adecuados de habitabilidad.

Este tipo de infraestructura no solo resuelve una necesidad inmediata, también termina impactando directamente en el rendimiento académico, porque tener un lugar seguro donde vivir permite a los estudiantes concentrarse en sus estudios, reducir la presión económica y mantenerse dentro del sistema educativo sin interrupciones.

Una estrategia que apunta a la permanencia

Este nuevo espacio no es un hecho aislado dentro de la universidad, se suma a otra residencia estudiantil ya habilitada, lo que va consolidando una línea de trabajo enfocada en la permanencia, una visión que ha sido reiterada desde la administración de Pablo Vera, quien ha insistido en que el acceso a la educación superior no puede limitarse únicamente a abrir cupos, sino que debe garantizar condiciones reales para que los estudiantes logren terminar sus carreras.

El enfoque ha estado dirigido a jóvenes en condición de vulnerabilidad, muchos provenientes de territorios donde las oportunidades son limitadas, por lo que en ese contexto la residencia se convierte en una herramienta clave para cerrar brechas y reducir el riesgo de deserción.

Además del alojamiento, los estudiantes cuentan con acompañamiento institucional, acceso a conectividad y articulación con programas de bienestar como alimentación y apoyo académico, lo que permite construir un respaldo más completo durante su proceso formativo.

La residencia en Los Laureles ya está en funcionamiento y comienza a reflejar el impacto de una decisión que apunta a resolver problemas concretos, porque para quienes hoy ocupan esos espacios la diferencia es evidente, tener dónde vivir termina siendo la base para poder seguir estudiando.

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