La articulación entre la gobernadora y el Ministro del Interior permitió destrabar recursos y avanzar en proyectos estratégicos para el Magdalena.
En medio de un panorama donde la seguridad sigue siendo una de las principales preocupaciones en el Magdalena, una reunión entre la gobernadora del departamento, Margarita Guerra Zúñiga, y el ministro del Interior, Armando Benedetti, dejó un resultado concreto que empieza a marcar diferencia, no solo por lo que se anunció, también por la forma en que se logró.
El encuentro permitió avanzar en la priorización de recursos para fortalecer la seguridad en el departamento, especialmente en zonas que llevan años esperando soluciones estructurales, y en ese punto la clave estuvo en la gestión directa entre ambos, una relación que logró mover un proyecto que ya existía, pero que necesitaba respaldo para convertirse en realidad.
La gobernadora explicó que se logró avanzar en la aprobación de recursos ante el Fondo Nacional de Seguridad y Convivencia, Fonsecon, para el Sistema Integral de Seguridad en el municipio de Zona Bananera, una iniciativa que había sido radicada anteriormente y que ahora encuentra un nuevo impulso tras esta gestión.
Una gestión que mueve proyectos
Más allá del anuncio, lo que deja este encuentro es una señal clara sobre la importancia de la articulación política cuando se traduce en resultados concretos.
El proyecto en Zona Bananera no es nuevo, viene desde administraciones anteriores y fue diseñado como una solución integral para mejorar las condiciones de seguridad en el territorio, incluyendo la construcción de infraestructura y la instalación de un sistema de vigilancia con cobertura amplia.
La inversión total alcanza los $38.200 millones, con una participación significativa del Ministerio del Interior en la financiación del sistema de cámaras, mientras que la Gobernación del Magdalena asume la construcción de la infraestructura y una parte del componente tecnológico, lo que muestra un esquema compartido que permite hacer viable una obra de este tamaño.
En este caso, el papel de la gobernadora y el ministro fue determinante, porque permitió destrabar un proceso que requería voluntad política y coordinación institucional, algo que no siempre se logra con la misma rapidez.
La instalación de 105 cámaras de vigilancia en el Magdalena representa un paso importante en términos de control y prevención, especialmente en zonas donde la presencia institucional ha sido limitada y donde las comunidades reclaman mayor seguridad.
Margarita toma distancia y marca su propio ritmo
En medio de este proceso, hay un elemento que empieza a tomar fuerza en el escenario político del Magdalena, y es la forma en que Margarita Guerra Zúñiga viene asumiendo su rol, con una gestión que se mueve en distintos niveles, desde lo local hasta lo nacional, buscando resultados concretos y dejando ver una línea propia en la toma de decisiones.
En distintos espacios, su manera de gestionar ha dejado claro que la silla de la Gobernación no le ha quedado grande, por el contrario, ha mostrado capacidad para sostener interlocución directa con el Gobierno Nacional, avanzar en proyectos clave y posicionar temas del Magdalena en escenarios donde antes no siempre lograban prioridad.
Ese estilo también empieza a enviar un mensaje político, porque su gestión no se percibe como una extensión de liderazgos anteriores, sino como una administración que intenta construir su propio camino, con decisiones que buscan responder a las necesidades actuales del territorio.
Seguridad en la Ciénaga Grande, otro reto sobre la mesa
Durante la reunión también se abordó una necesidad que ha sido reiterada por años en la región de la Ciénaga Grande de Santa Marta, un territorio donde las condiciones geográficas exigen soluciones distintas a las tradicionales.
La falta de vehículos adecuados para la fuerza pública ha sido una de las principales
limitaciones para garantizar presencia efectiva en esa zona, donde la movilidad depende de embarcaciones con características específicas, algo que hasta ahora no ha sido atendido de forma suficiente.
En ese sentido, se planteó la formulación de un nuevo proyecto que permita dotar a las autoridades de herramientas acordes a la realidad del territorio, con el objetivo de mejorar la capacidad de respuesta y brindar mayor tranquilidad a las comunidades que habitan en esta área.
Este punto amplía el alcance de la reunión, porque no se queda únicamente en un proyecto puntual, también abre la puerta a nuevas iniciativas que pueden impactar directamente en zonas que históricamente han estado en desventaja en materia de seguridad.
Lo que queda tras este encuentro es un resultado que empieza a tomar forma en cifras y proyectos, pero también una lectura política clara, cuando hay coordinación directa entre liderazgos, los procesos avanzan con mayor claridad y se reducen los tiempos que suelen frenar este tipo de iniciativas.
En el caso del Magdalena, esa articulación entre Margarita Guerra y Armando Benedetti se tradujo en un paso concreto hacia la ejecución de un proyecto esperado, además de dejar planteadas nuevas acciones para atender otras necesidades del territorio.