Con pocos días en el cargo, Carlos Jaramillo Ríos, director de la Cámara de Comercio del Magdalena, consiguió lo que durante años no se había visto: reunir a sectores políticos distintos alrededor de una misma conversación para hablar del futuro del departamento.
En un departamento marcado por divisiones políticas muy profundas, lograr que sus congresistas coincidan en una misma mesa parecía una misión casi imposible, por eso la pregunta empezó a rodar con fuerza en Santa Marta, ¿quién logró lo que durante años no se había visto?, la respuesta tiene nombre propio, Carlos Jaramillo Ríos, el nuevo director de la Cámara de Comercio de Santa Marta para el Magdalena, quien con pocos días en el cargo decidió intentar una jugada que muchas instituciones habían evitado.
En el papel, citar congresistas suena sencillo, pero en la práctica reunir a figuras con diferencias marcadas, agendas propias y visiones políticas distantes es otra historia, en el Magdalena esas distancias han frenado durante años la posibilidad de consolidar una bancada que actúe de forma coordinada en el Congreso, por eso lo que ocurrió en este encuentro no pasa desapercibido.
A la mesa se sentaron los senadores Patricia Caicedo, Carlos Mario Farelo y Honorio Henríquez, junto a los representantes Kellyn González, Franklin Lozano y Chadán Rosado, mientras que otros como Elizabeth Molina y Felipe Hernández, aunque no asistieron, dejaron abierta la puerta para sumarse al proceso.
¿Qué hizo diferente?
Según lo planteado en el encuentro, la apuesta fue dejar a un lado las diferencias para concentrarse en lo que realmente necesita el departamento, así la conversación dejó de girar alrededor de partidos, disputas o cuotas y pasó a centrarse en temas concretos como infraestructura, energía, turismo y empleo.
Mover la conversación hacia problemas reales hizo que el ambiente cambiara, ya no era un pulso político sino una discusión aterrizada sobre necesidades urgentes del Magdalena, y en ese escenario las diferencias perdieron peso, porque todos terminaron hablando de lo mismo, reconociendo que hay asuntos que no pueden seguir aplazándose.
Jaramillo no llegó con un discurso vacío, llegó con una propuesta concreta, convertir a la Cámara de Comercio en un aliado técnico de los congresistas, capaz de estructurar proyectos, aportar información y acompañar iniciativas, es decir, poner sobre la mesa algo que pocas veces está disponible, soporte real para pasar de las ideas a los hechos.
Ese enfoque cambió la dinámica del encuentro, la conversación dejó de ser política en el sentido tradicional y se volvió práctica, qué necesita el Magdalena, cómo se puede hacer y quién lo impulsa, una ruta que permitió avanzar sin que las diferencias bloquearan el diálogo.
Egos en pausa, intereses en común
En un escenario político como el del Magdalena, los egos suelen pesar tanto como las ideas, por eso que todos permanecieran en la mesa, escucharan y participaran ya marca una diferencia, no porque desaparezcan las tensiones, sino porque se logró algo poco habitual, mantenerlas bajo control.
La discusión giró alrededor de temas conocidos, mejorar la infraestructura regional, aprovechar el potencial energético, organizar la promoción turística y fortalecer la formación para el trabajo, asuntos que han estado durante años sobre la mesa, pero que pocas veces se abordan de manera conjunta.
Ahí está el valor del encuentro, no en los temas, sino en la forma en que se asumieron, con una disposición a escucharse y a construir sobre coincidencias, algo que en la práctica no es frecuente en la política del departamento.
¿Foto o punto de partida?
En política, reunirse es apenas el comienzo, lo que realmente define el impacto es la capacidad de sostener el trabajo en el tiempo, por ahora lo que logró Jaramillo fue abrir una puerta que llevaba años cerrada, una puerta que ahora tendrá que mantenerse abierta en medio de diferencias que no desaparecen.
Lo que sigue no es menor, convertir esa conversación en resultados, mantener a los congresistas conectados con una agenda común y evitar que las diferencias vuelvan a fragmentar el proceso será el verdadero reto.
Por ahora, en Santa Marta quedó una imagen poco habitual, los congresistas del Magdalena sentados en la misma mesa, hablando de lo mismo, y en un departamento acostumbrado a la división, eso ya marca una diferencia.