Detrás del sorpresivo giro político del exgobernador del Magdalena aparece un nombre que hoy vuelve a tomar fuerza dentro del petrismo y de Fuerza Ciudadana, Patricia Caicedo, señalada en varios sectores políticos como una de las piezas que habría ayudado a reconstruir el puente entre Carlos Caicedo y el proyecto político que durante meses atacó públicamente.
La fotografía política dejó descolocados incluso a dirigentes de izquierda. Hace apenas unos meses, Carlos Caicedo aparecía hablando de una “izquierda distinta”, criticando el rumbo del Gobierno Nacional y cuestionando abiertamente la capacidad de Iván Cepeda para gobernar el país. Ahora terminó entregándole lo que queda de su estructura política al mismo petrismo que convirtió en blanco frecuente de sus ataques.
Pero detrás de ese giro político no solo aparecen cálculos electorales o necesidad de supervivencia, también empieza a sonar con fuerza un nombre que muchos daban por distanciado del caicedismo duro, Patricia Caicedo.
En los corrillos políticos de Magdalena y Bogotá ya se habla de ella como una de las principales articuladoras silenciosas del acuerdo entre Fuerza Ciudadana y el Pacto Histórico.
Patricia Caicedo, la ficha silenciosa detrás del acuerdo
Aunque públicamente no apareció como protagonista del anuncio, varios sectores políticos consideran que Patricia Caicedo habría jugado un papel determinante en la reconstrucción de relaciones entre el caicedismo y el petrismo.
Su cercanía histórica con sectores del Pacto Histórico, sumado a los canales políticos que todavía conserva dentro de la izquierda nacional, la convierten en una figura clave para entender cómo un dirigente que pasó meses atacando a Petro y Cepeda terminó regresando al oficialismo.
La relación entre Patricia Caicedo y el petrismo nunca se rompió completamente, incluso cuando Carlos Caicedo intentó vender su candidatura presidencial como una alternativa separada del Gobierno Nacional.
En marzo de este año Patricia todavía aparecía impulsando mensajes de apoyo al Pacto Histórico y promoviendo listas y candidaturas cercanas al proyecto político de izquierda.
Por eso, dentro de Fuerza Ciudadana muchos consideran que ella fue la encargada de abrir nuevamente los canales de comunicación con Iván Cepeda y con sectores cercanos al presidente Gustavo Petro.
Del ataque constante al abrazo político
Lo más llamativo del acuerdo es que Carlos Caicedo no era un crítico menor del petrismo. Durante meses lanzó cuestionamientos directos contra el Gobierno Nacional, tomó distancia del Pacto Histórico y buscó posicionarse como una izquierda distinta.
Incluso, llegó a afirmar públicamente que Iván Cepeda no tenía experiencia ejecutiva suficiente para gobernar Colombia.
“Yo respeto enormemente a Iván, ha luchado toda su vida por las víctimas, ha sido consistente, pero lamentablemente Iván no tiene ninguna experiencia en gobernar”, dijo durante la campaña.
También rechazó llamados de unidad promovidos desde sectores petristas y aseguró que “la unidad no se construye reduciendo el abanico”.
Ahora terminó alineándose completamente con el mismo proyecto político del que intentó diferenciarse.
Por eso, en Magdalena muchos no creen que esto haya sido únicamente una adhesión ideológica de última hora.
Caicedo llega debilitado y sin el poder de antes
La realidad política del exgobernador también explica parte del movimiento.
Cuando ganó la Gobernación del Magdalena en 2019 obtuvo 343.786 votos, consolidándose como una de las figuras regionales más fuertes del Caribe colombiano.
En la consulta presidencial con Petro llegó a mover cerca de medio millón de votos, pero ese caudal político comenzó a deteriorarse con los años.
Fuerza Ciudadana perdió peso nacional, fracasaron varias apuestas al Senado y el movimiento sufrió golpes judiciales que terminaron debilitando su estructura.
Rafael Martínez perdió la Gobernación del Magdalena tras la anulación de su elección por decisión judicial, mientras Jorge Agudelo terminó perdiendo la Alcaldía de Santa Marta también por vía judicial.
A eso se sumó la inhabilidad política que golpeó a Patricia Caicedo y el desgaste interno dentro del movimiento.
Hoy, el principal activo institucional que conserva el caicedismo es la Gobernación encabezada por Margarita Guerra, quien ganó con cerca de 188 mil votos y ha mostrado un estilo mucho más moderado y menos radical que el círculo político de Caicedo y Rafael Martínez.
¿El acuerdo también apunta contra Margarita Guerra?
Y ahí aparece otra de las grandes preguntas que comenzaron a moverse en silencio dentro de Fuerza Ciudadana.
Margarita Guerra ha tomado distancia de las formas tradicionales del caicedismo duro, manteniendo un perfil más institucional y menos confrontacional.
Eso ha generado tensiones internas que varios dirigentes prefieren no admitir públicamente.
Por eso, algunos sectores políticos consideran que el regreso de Caicedo al petrismo también podría tener un objetivo adicional, reorganizar el control interno del movimiento y evitar que la Gobernación termine alejándose definitivamente de la influencia del exgobernador.
El temor dentro de algunos grupos es que, si Iván Cepeda gana la Presidencia, el petrismo nacional termine ayudando a reconstruir el poder político de Caicedo en Santa Marta y Magdalena.
La posibilidad de futuras alianzas burocráticas, apoyo electoral o respaldo para recuperar espacios de poder ya comenzó a discutirse en voz baja.
El petrismo recogió a un aliado incómodo
Lo cierto es que Iván Cepeda y Gustavo Petro terminaron abriéndole nuevamente la puerta a uno de los dirigentes de izquierda que más los cuestionó durante la campaña presidencial.
Y lo hicieron justo cuando Carlos Caicedo llegaba políticamente reducido, sin congresistas, sin Alcaldía de Santa Marta, golpeado judicialmente y con una candidatura presidencial que nunca logró despegar en las encuestas.
Por eso, más que una adhesión espontánea, el acuerdo empieza a verse como un pacto de conveniencia mutua.
Cepeda suma una estructura territorial todavía útil en la Costa Caribe, mientras Caicedo consigue regresar al círculo oficialista justo cuando su proyecto político comenzaba a mostrar señales evidentes de desgaste y pérdida de poder regional.