Mientras la Troncal del Caribe permanecía bloqueada y Santa Marta vivía horas de incertidumbre, el alcalde Carlos Pinedo Cuello, planeaba su itinerario para asistir al partido Colombia vs Uzbekistán. La polémica no está en el viaje, sino en el mensaje que dejó su ausencia.
La historia política está llena de episodios en los que un gobernante termina siendo recordado no por una gran obra ni por una mala decisión administrativa, sino por haber estado ausente cuando la ciudadanía esperaba verlo presente. Eso es precisamente lo que hoy alimenta el debate en Santa Marta.
Mientras funcionarios del Distrito intentaban encontrar una salida al bloqueo de la Troncal del Caribe, una de las arterias viales más importantes de la región, el alcalde Carlos Pinedo Cuello planeaba su viaje con rumbo al partido de la Selección Colombia.
Legalmente no hay discusión. El mandatario tiene derecho a vacaciones, como cualquier trabajador. La política rara vez juzga los derechos; suele juzgar las prioridades, y las prioridades se leen a través de los actos.
La ciudad en tensión, el alcalde en la tribuna
Las imágenes tienen una fuerza que ningún comunicado puede neutralizar, por un lado estaba una ciudad pendiente de la apertura de la carretera, con viajeros afectados, transportadores detenidos y una creciente preocupación por las consecuencias económicas del bloqueo. Por el otro, aparecía la imagen del alcalde en un estadio, disfrutando de uno de los eventos deportivos más esperados por los colombianos.
Quizá las negociaciones avanzaban correctamente. Quizá los secretarios tenían instrucciones precisas. Quizá la administración consideraba que la situación estaba bajo control, sin embargo, la percepción pública terminó construyéndose sobre una fotografía mucho más poderosa que cualquier explicación oficial.
Una vieja lección del poder
Los buenos gobernantes entienden algo que los manuales de administración pública pocas veces enseñan: hay momentos en los que el cargo exige más presencia que decisiones.
Durante décadas, alcaldes, gobernadores y presidentes han suspendido agendas personales para enfrentar emergencias, conflictos sociales o crisis de orden público. No siempre porque su presencia resolviera el problema, sino porque simbolizaba que la situación merecía toda la atención del Estado.
Santa Marta no estaba viviendo una jornada cualquiera. La ciudad afrontaba un bloqueo que mantenía en vilo la movilidad regional y que exigía respuestas rápidas. En ese contexto, la imagen del alcalde viajando para asistir a un partido terminó enviando un mensaje difícil de ignorar: mientras la crisis seguía abierta, la máxima autoridad local había decidido mirar hacia otro escenario.
El riesgo de desconectarse del momento
La política tiene una característica implacable: no perdona los errores de lectura.
Muchas veces un gobernante no cae por una mala decisión, sino por no entender el estado de ánimo de la ciudadanía.
Y el estado de ánimo de Santa Marta durante esos días no era precisamente el de una ciudad celebrando fútbol.
Era el de una ciudad preocupada por una carretera cerrada, por las afectaciones económicas y por la incertidumbre de no saber cuándo terminaría el conflicto.
Por eso la controversia sigue creciendo. No porque el alcalde haya viajado. No porque haya ido al estadio. No porque estuviera acompañado de su esposa.
La polémica existe porque una parte de la ciudadanía considera que, cuando la ciudad atravesaba una situación delicada, su lugar estaba en Santa Marta.
La política también es percepción
Los partidos se terminan en noventa minutos. Las crisis eventualmente encuentran solución. Las vacaciones llegan a su fin.
Lo que permanece es la percepción que queda instalada en la opinión pública.
Carlos Pinedo seguramente regresará a sus funciones y el bloqueo será un episodio más dentro de la larga historia de conflictos que ha enfrentado Santa Marta. Sin embargo, la imagen de esos días seguirá alimentando una pregunta incómoda.
Cuando la ciudad necesitaba liderazgo visible, ¿era realmente el momento para irse de vacaciones?
Esa es la pregunta que hoy recorre los barrios, las oficinas, los cafés y las redes sociales de Santa Marta. Y es una pregunta que no se responde con decretos, comunicados o explicaciones jurídicas.
Porque gobernar no consiste únicamente en administrar una ciudad. También consiste en entender cuándo la ciudadanía espera que su alcalde esté exactamente en el lugar donde ocurren los problemas. Y en esta ocasión, para muchos samarios, el estadio estaba demasiado lejos de la realidad que vivía la ciudad.