Mientras el Ejército golpea los campamentos de ‘Los Pachenca’ en la Sierra Nevada, las barricadas humanas y el pánico congelan la principal arteria del norte del país, aislando por completo al sector turístico internacional del Parque Tayrona y quebrando el comercio local.
La crisis humanitaria y de orden público que hoy mantiene paralizada la Troncal del Caribe no comenzó de forma espontánea con un trancón rutinario, sino con una violenta escalada militar que se fraguó minuciosamente durante todo el fin de semana en el corazón de la Sierra Nevada.
Desde las primeras horas del sábado y a lo largo del domingo, las comunidades rurales de la vereda Quebrada del Sol presenciaron con horror el despliegue de la Primera División del Ejército Nacional, que mediante una agresiva maniobra de asalto e inserción aérea atacó los campamentos de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), la organización criminal conocida localmente como ‘Los Pachenca’.
Las detonaciones de artillería ligera y las ráfagas sostenidas de fusil rompieron la tranquilidad de la montaña, empujando a decenas de familias campesinas e indígenas, entre ellos ancianos, niños y mujeres embarazadas, a huir con lo que llevaban puesto hacia sectores vecinos como Los Linderos en busca de refugio.
La tensión en las veredas escaló a niveles críticos cuando la propia comunidad comenzó a difundir crudas imágenes y videos de civiles ensangrentados, presuntamente heridos en medio de los operativos, un escenario de confrontación abierta que el lunes festivo terminó por desbordarse por completo hacia la carretera.
El colapso de la vía: el asfalto convertido en trinchera
Para la mañana del lunes, la Troncal del Caribe había dejado de ser una vía pública nacional para transformarse en un caótico campo de batalla civil y en un cuello de botella logístico insostenible a la altura de Guachaca, Mendihuaca y Marquetalia.
Como una retaliación directa a la fuerte ofensiva militar en la parte alta, o bien obligados por la presión armada de las estructuras ilegales que instrumentalizan el descontento popular, cientos de manifestantes trancaron el paso vehicular de forma simultánea utilizando barricadas humanas, troncos de árboles y la quema de llantas.
El miedo colectivo alcanzó su punto máximo en las inmediaciones del peaje de Neguanje y la entrada al corregimiento de Bonda, donde hombres armados intimidaron a los conductores y atravesaron vehículos de carga pesada, llegando incluso al intento de incineración de un autobús intermunicipal colmado de pasajeros que rogaban por sus vidas.
En cuestión de pocas horas, el corredor vial más estratégico del Caribe, aquel que une comercialmente a los departamentos de Magdalena y La Guajira con el resto del país y la frontera con Venezuela, quedó completamente sitiado y bajo el control de la incertidumbre.
Voces del desespero: el calvario de los turistas y el comercio quebrado
El impacto de este secuestro vial golpeó de frente la temporada turística, dejando a miles de viajeros nacionales y extranjeros completamente atrapados en filas kilométricas que se extendían hasta donde alcanzaba la vista bajo temperaturas extremas que superaban los 35 grados centígrados.
Con las maletas a cuestas, adultos mayores arrastrando pies y niños al borde de la deshidratación, muchas personas optaron por abandonar los autobuses varados para caminar tramos interminables sobre el asfalto ardiente buscando un transbordo o alguna lancha informal que los sacara de la zona de peligro.
«Esto es inhumano, llevamos horas atrapados sin agua, sin comida, con niños llorando del calor encerrados entre camiones y nadie nos da una ruta de evacuación segura», relataba con profunda angustia un turista extranjero que pretendía llegar al aeropuerto.
Al mismo tiempo, la hotelería y el comercio formal e informal que da vida a los accesos del Parque Nacional Natural Tayrona y Palomino se vieron forzados a bajar sus persianas en un cierre preventivo generalizado, sepultando las ganancias de la temporada y dejando las cabeceras rurales con un aspecto de pueblo fantasma por el temor a una incursión armada.
Alcaldía de Santa Marta: el clamor por ayuda internacional y un canal humanitario
Frente al colapso absoluto del orden público y la crisis social en su periferia, la administración distrital de Santa Marta se declaró en máxima alerta y activó de manera permanente un Puesto de Mando Unificado junto a organismos como la Defensoría del Pueblo, la Personería y el Ministerio del Interior.
El Alcalde, Carlos Pinedo Cuello, ha emitido en las últimas horas enérgicos pronunciamientos, exigiendo el envío urgente de comisiones de derechos humanos para verificar el estado de los civiles atrapados en la Sierra Nevada y la apertura de un corredor humanitario que permita evacuar a los heridos.
La postura del mandatario local ha sido tajante al señalar que la capital del Magdalena no puede quedar secuestrada administrativamente por la violencia, y que si bien se respalda la presencia de la fuerza pública, el uso de las vías de hecho por parte de los manifestantes debe cesar de inmediato para evitar una tragedia sanitaria mayor entre los turistas atrapados.
Gobernación del Magdalena: la exigencia de soluciones de fondo que superen las armas
Por su parte, la gobernadora del Magdalena, Margarita Guerra, ha liderado las mesas técnicas de seguridad regional manteniendo una interlocución directa y constante con la cúpula militar y los ministerios en Bogotá para evaluar los graves daños colaterales de este conflicto.
En sus recurrentes intervenciones ante los medios, la gobernadora Guerra ha sido enfática en advertir que la lucha frontal contra el narcotráfico y las bandas criminales que se disputan la Sierra Nevada —como ‘Los Pachenca’ y el ‘Clan del Golfo’— es inquebrantable, pero que el Estado no puede desamparar la integridad de los campesinos ni permitir el estrangulamiento de la economía del departamento.
La mandataria departamental ha urgido al gobierno central una intervención social profunda y de largo alcance que atienda de raíz el progreso de estas comunidades rurales, insistiendo en que el restablecimiento del orden en la Troncal del Caribe no se logrará únicamente con el despliegue de fusiles, sino con garantías reales de paz, inversión y seguridad para el territorio. Mientras tanto, la Troncal del Caribe sigue en vilo, el comercio permanece paralizado y el sector turístico del país contiene la respiración ante un conflicto que parece no dar tregua.