Su inscripción por el Nuevo Liberalismo reactivó debates sobre sus alianzas recientes, su cercanía con sectores del Magdalena y la incógnita sobre el comportamiento del voto caicedista en 2026.
El anuncio de la candidatura de Ricardo Diazgranados del Castillo al Senado llega en un momento en el que el Magdalena atraviesa discusiones decisivas sobre coherencias políticas, compromisos de campaña y la manera en que los distintos sectores se reorganizan para las elecciones legislativas de 2026. Lo que podría verse como un trámite más en la Registraduría termina adquiriendo una dimensión mayor por la historia reciente del departamento y por el rol que él y su entorno han desempeñado en las últimas contiendas.
No es un debutante en asuntos públicos. Su experiencia como concejal de Santa Marta, su paso por la administración departamental y su actividad empresarial lo han mantenido visible en distintos escenarios. Pero esta vez su nombre se proyecta hacia un escenario nacional y lo obliga a disputar un espacio en el que el reconocimiento no basta: deberá mantener control sobre las narrativas que lo acompañan, especialmente con episodios recientes en los que, para sorpresa de muchos, adoptó posiciones cercanas al caicedismo.
La inscripción con el aval del Nuevo Liberalismo y de la coalición “Ahora Colombia” marca un paso significativo para su aspiración. Sin embargo, también lo expone a interrogantes sobre el alcance del apoyo que logró en las elecciones atípicas de 2025, cuando él y su esposa, la diputada del Magdalena Linda Cabarcas Suárez, respaldaron la campaña de Margarita Guerra Zúñiga, ganadora de la Gobernación. Ese respaldo alteró cálculos dentro del movimiento de Carlos Caicedo y dejó lecturas pendientes que ahora regresan con fuerza.
Un dirigente que carga con herencias políticas y busca una identidad propia
Ahora viene el reto más complejo para su campaña: demostrar que su aspiración no está atada a favores del pasado ni a estructuras que hoy generan resistencia en amplios sectores del departamento. Necesita dejar claro que su candidatura no depende de maquinarias ni responde a herencias políticas que puedan restarle credibilidad frente a un electorado cada vez más exigente.
Al mismo tiempo, deberá tomar suficiente distancia de episodios y alianzas previas para evitar que sus opositores lo presenten como parte de prácticas que muchos ciudadanos quieren dejar atrás. Ese equilibrio —marcar independencia sin negar su trayectoria— será decisivo para que su mensaje cale en votantes que buscan opciones sin compromisos ocultos.
¿Se activará el apoyo del caicedismo o se romperá el vínculo?
El episodio más determinante para esta campaña es el respaldo que brindaron los Diazgranados a Margarita Guerra durante las elecciones atípicas. Esa decisión fue clave en la consolidación del apoyo que terminó llevando a Guerra al Palacio Tayrona. Pero fue, también, una ruptura momentánea en la lógica habitual de la política del Magdalena.
Esa alianza coyuntural dejó preguntas sin responder. Para sectores de Fuerza Ciudadana, apoyar a Diazgranados en 2026 no sería coherente con el mensaje que han defendido desde hace años. Para otros, sin embargo, un senador con llegada al Magdalena y sin confrontación abierta con el caicedismo podría convertirse en un aliado útil en debates legislativos que afectan al departamento.
Esa dualidad será central si la dirigencia del movimiento opta por permitir que parte de sus bases respalde a Diazgranados, la candidatura podría fortalecerse, especialmente en zonas rurales donde el caicedismo mantiene presencia, pero donde también existe apertura hacia liderazgos que demuestren gestión y cercanía. Si, en cambio, el movimiento envía señales de rechazo, Diazgranados deberá afrontar un escenario difícil, pues buena parte de los votantes que respaldaron a Margarita Guerra mantienen disciplina electoral.
La presencia de Linda Cabarcas como diputada juega un papel relevante. Su trabajo en la Asamblea del Magdalena le permite mantener contacto directo con comunidades que, en varios casos, ya conocen su gestión. Ese vínculo podría servir como plataforma territorial para la campaña al Senado, sobre todo en municipios donde la Asamblea tiene mayor incidencia que las estructuras de los partidos nacionales.
El reto del Nuevo Liberalismo frente a un departamento dividido
El proyecto del Nuevo Liberalismo busca fortalecerse en regiones donde no ha tenido una presencia sólida en los últimos años. En ese esfuerzo, la candidatura de Diazgranados se convierte en una apuesta por ganar un espacio en un departamento marcado por la confrontación entre el caicedismo y sus opositores.
El respaldo de Juan Manuel Galán y de la coalición “Ahora Colombia” aporta legitimidad nacional, pero la representación efectiva en territorios como el Magdalena se logra con presencia constante, con visitas a corregimientos, con vigilancia a contratos públicos, con propuestas alineadas a necesidades locales. La campaña deberá entender que los apoyos que vienen desde Bogotá ayudan, pero no sustituyen la construcción de una base electoral sólida.
En ese sentido, la ruta de Diazgranados dependerá de su capacidad para articular un mensaje sobre desarrollo regional que conecte con las preocupaciones históricas del Magdalena: infraestructura atrasada, vías terciarias en mal estado, problemas en servicios públicos y ausencia de oportunidades para jóvenes.
Un escenario que puede inclinarse en cualquier dirección
De aquí a marzo de 2026, el panorama puede transformarse. La candidatura de Ricardo Diazgranados tiene fortalezas, pero también enfrenta dudas que deberán resolverse en campaña. Su mayor desafío será aclarar cómo interpreta su participación en las atípicas y cómo se diferencia tanto de los sectores tradicionales como del propio caicedismo, sin desconocer que tuvo acercamientos recientes.
El futuro de esta aspiración dependerá de cómo lea las tensiones internas del departamento, de cómo responda a las críticas y de su habilidad para presentar un proyecto legislativo que responda a los problemas reales de las comunidades. Todo indica que puede crecer, pero también que podría quedar atrapado entre dos corrientes políticas fuertes.
Lo cierto es que su nombre ya entró en la conversación de 2026. El Magdalena decidirá si esa presencia se convierte en una curul o si queda como un intento que no logró resolver las preguntas que hoy acompañan a su campaña.