Perros, gatos y animales silvestres sufren estrés extremo durante las detonaciones navideñas. Veterinarios advierten que los efectos pueden ir desde ansiedad intensa hasta accidentes graves.
Cada diciembre, miles de familias encienden luces y preparan celebraciones que llenan las calles de música y movimiento. Sin embargo, para las mascotas el panorama es distinto. Lo que para un humano puede parecer un estallido pasajero, en perros, gatos y aves se convierte en un episodio de alarma que puede desencadenar pánico y reacciones peligrosas. El ruido generado por la pólvora afecta su salud física y emocional, algo que especialistas han venido alertando durante los últimos años, especialmente en ciudades donde estos productos aún circulan con facilidad.
La mayoría de animales percibe sonidos con una sensibilidad muy superior a la humana. Mientras una persona capta un rango limitado, un perro o un gato alcanza frecuencias amplias y detecta vibraciones que para nosotros pasan inadvertidas. Por eso, cuando ocurre una detonación fuerte, su cuerpo reacciona como si enfrentara una amenaza verdadera. Su sistema nervioso se activa, el pulso se acelera y el miedo los lleva a buscar refugio de manera desesperada.
Este comportamiento no surge por capricho. Proviene de su propio instinto de supervivencia. Para ellos, cada estallido equivale a una señal de peligro que no pueden interpretar ni controlar. Ese estado puede durar minutos u horas, dependiendo de la intensidad de los ruidos y de la cercanía de las explosiones.
Ansiedad, temblores y desorientación: el efecto inmediato
Veterinarios consultados coinciden en que el primer síntoma que muestran las mascotas es ansiedad aguda. Empiezan a temblar, jadean sin parar y buscan esconderse debajo de camas, muebles o rincones que consideran seguros. En algunos casos, intentan huir, lo que aumenta la posibilidad de accidentes dentro del hogar o fugas a la calle.
Los episodios de pánico pueden generar vómito, diarrea, salivación excesiva, taquicardia e incluso convulsiones en animales especialmente sensibles. Los más vulnerables suelen ser los de edad avanzada, aquellos con enfermedades cardiacas y las razas pequeñas que ya tienden a ser nerviosas. Los gatos generalmente no emiten sonidos, pero su estrés interno es igual o mayor: se paralizan, se esconden por largas horas y pueden dejar de comer.
El ambiente también influye. En barrios donde las detonaciones se repiten durante varias noches, los animales empiezan a asociar cualquier ruido fuerte con peligro. Esa tensión sostenida afecta su comportamiento incluso durante el día. Muchas familias reportan cambios como agresividad, tener miedo de salir, comportamientos destructivos o alteraciones del sueño.
Accidentes y consecuencias que pueden durar semanas
El impacto no termina cuando pasan las fiestas. Numerosos casos registrados por clínicas veterinarias indican que algunos animales desarrollan trastornos prolongados. La fobia al ruido es uno de los efectos más comunes. Después de una temporada llena de explosiones, hay perros que entran en pánico cuando escuchan una moto, un portazo o un traste metálico cayendo en la cocina.
Las reacciones extremas durante una explosión pueden terminar en golpes contra paredes o rejas, heridas al intentar escapar por ventanas o saltar cercas, caídas desde terrazas e incluso pérdidas definitivas. Las protectoras de animales informan que la noche del 7, 24 y el 31 suele registrarse un incremento marcado de mascotas extraviadas.
No solo se afectan los animales domésticos. Aves urbanas, ardillas y otros seres que habitan la ciudad también alteran su conducta. Muchas se desorientan y chocan contra estructuras, lo que aumenta la mortalidad en fauna local durante estas fechas.
Cómo protegerlos durante esta temporada
Aunque no exista una fórmula única, sí hay acciones que las familias pueden aplicar para reducir el impacto. Preparar un espacio donde el animal se sienta protegido, cerrar ventanas para disminuir el ruido, acompañarlo durante los momentos críticos y evitar regañarlo por sus reacciones puede marcar una diferencia. En casos de mascotas con antecedentes de fobias, los especialistas recomiendan consultar antes de diciembre para evaluar el uso de terapias, suplementos o tratamientos que ayuden a controlar la ansiedad.
Las autoridades locales también han insistido en que la mejor medida es evitar completamente el uso de pólvora. Reducir el ruido en los barrios contribuye a la tranquilidad colectiva y disminuye las emergencias que año tras año afectan a mascotas y fauna silvestre.