El rector Pablo Vera Salazar lidera una hoja de ruta con cinco acciones urgentes para salvar el acuífero del río Manzanares, el cual abastece el 40% del agua de la ciudad.
El agua subterránea de Santa Marta no es un «plan B» para las épocas de sequía; es el corazón que mantiene vivo el suministro de la ciudad, aportando cerca del 40% del líquido que consumen sus habitantes, sin embargo, esta reserva estratégica está en peligro inminente.
Ante un auditorio lleno en el Centro Cultural Claustro San Juan Nepomuceno —que reunió a gremios, autoridades y medios de comunicación— la Universidad del Magdalena encendió las alarmas al socializar los resultados del proyecto “Monitoreo de Aguas Subterráneas del Acuífero del Río Manzanares”, una investigación científica de vanguardia que la institución ha liderado con rigurosidad durante los últimos seis años.
“Nos hemos dado cuenta de que la salinidad del agua ha aumentado, lo que al final afecta económica y sanitariamente a los habitantes. Ponemos nuestra capacidad técnica a disposición, pero cualquier solución presente o futura implica gestionar de forma adecuada el agua”, advirtió de manera tajante el rector Pablo Vera Salazar.
El diagnóstico científico: Sobreexplotación y salinidad
Los datos presentados por los investigadores de la Alma Máter, apoyados por sensores de telemetría de última generación que miden variables en tiempo real como la conductividad eléctrica, los sólidos disueltos y la temperatura, arrojaron conclusiones preocupantes.
El ingeniero hidrogeólogo Jorge Corrales Celedón, encargado de la modelación, fue enfático al declarar que existe una evidente sobreexplotación del acuífero. Cada año que pasa, el agua subterránea se encuentra a mayor profundidad. Esta pérdida de presión no solo dificulta el acceso al recurso, sino que abre la puerta a la intrusión salina, desmejorando drásticamente la calidad del agua que llega a los hogares y comercios samarios.
La estrategia de ciudad propuesta por el Rector Pablo Vera
Lejos de quedarse solo en el diagnóstico, el rector Pablo Vera Salazar asumió el liderazgo de la problemática y propuso una hoja de ruta estructural compuesta por cinco acciones prioritarias para consolidar la seguridad hídrica del Distrito. La primera de ellas es la creación de un Inventario Distrital de Pozos para saber con exactitud cuántos existen y cuánta agua se está extrayendo.
A esto le sigue la instrumentación de una Red de Monitoreo en Tiempo Real y la instalación de nuevos puntos de seguimiento para tomar decisiones basadas en datos inmediatos. Finalmente, el plan contempla la consolidación de un Corredor Universitario de Monitoreo y el desarrollo de infraestructura especializada para la recarga artificial del acuífero mediante el aprovechamiento de las aguas lluvias.
Unidad regional: El Distrito responde al llamado
El peso de la evidencia científica logró un compromiso inmediato por parte de las autoridades político-administrativas locales que asistieron al encuentro. Por un lado, Luis Felipe Gutiérrez, secretario de Infraestructura del Distrito, anunció la gestión de 1.000 millones de pesos para expandir la red de monitoreo, estimando una inversión cercana a los 120 millones de pesos por cada pozo viable. Por el otro, Paola Gómez, directora del DADSA, se comprometió a endurecer la regulación en la expedición de permisos de pozos y a financiar la construcción de un nuevo piezómetro de control.
Un compromiso con la comunidad
Durante el encuentro se recordó que el compromiso de Unimagdalena con la crisis hídrica no es nuevo ni únicamente teórico. A la fecha, la institución ha aportado históricamente más de 453.000 metros cúbicos de agua para abastecer a los barrios vulnerables aledaños a su campus, consolidándose como el principal aliado técnico y social en la búsqueda de soluciones sostenibles para el futuro de Santa Marta.
El equipo de expertos que acompaña al rector Pablo Vera en este hito científico está integrado por el ingeniero Jorge Corrales Celedón, encargado de la modelación hidrogeológica, y el ingeniero magíster Andrés Hatum Pontón, responsable de la instrumentación y la telemetría. Para el estudio actual, la universidad instaló dos piezómetros estratégicos dentro de su campus: uno en la zona de recarga natural cerca al río Manzanares y otro en el área de mayor impacto por extracción continua.