La crisis del agua convirtió a Santa Marta en una de las prioridades del Gobierno Petro. Durante cuatro años se anunciaron inversiones históricas, una planta desalinizadora, obras de saneamiento, proyectos tecnológicos y el retorno de Essmar al Distrito. Todo quedó a medias.
Santa Marta celebró sus 501 años con un panorama distinto al que tenía cuando Gustavo Petro llegó a la Presidencia en agosto de 2022. La ciudad pasó de ser un territorio que reclamaba atención del Gobierno Nacional por su histórica crisis de agua potable y alcantarillado a convertirse en uno de los principales focos de inversión estatal.
Desde la conmemoración de los 500 años de la ciudad, el mandatario anunció un ambicioso paquete de proyectos que incluía soluciones para el abastecimiento de agua, saneamiento básico, infraestructura aeroportuaria, desarrollo tecnológico e iniciativas ambientales. Sin embargo, como suele ocurrir con las grandes apuestas de infraestructura pública, no todas alcanzaron el mismo nivel de ejecución.
El balance deja una conclusión clara: hubo proyectos que avanzaron de manera significativa, otros quedaron estructurados para que los ejecute el próximo gobierno y algunos compromisos, pese a los anuncios, siguen sin materializarse.
El agua, la gran prioridad del Gobierno
La principal promesa de Gustavo Petro para Santa Marta fue resolver, de manera estructural, la crisis del agua potable que durante décadas ha limitado el crecimiento de la ciudad.
Inicialmente, el Gobierno habló de construir dos plantas desalinizadoras: una para el sur de la ciudad y otra para Taganga, respaldadas por recursos superiores a los $700.000 millones y declaradas estratégicas mediante el CONPES 4159.
Con el paso de los meses, el proyecto evolucionó.
Tras los estudios técnicos y las mesas de trabajo entre el Gobierno Nacional, el Distrito y los equipos encargados de la estructuración, la propuesta fue ajustada hasta convertirse en una sola solución integral de desalinización, acompañada por infraestructura de almacenamiento y distribución para garantizar el abastecimiento de agua potable.
La ubicación priorizada fue el sector de Pescaíto, desde donde se proyecta atender buena parte de Santa Marta y Taganga, concentrando la inversión en una infraestructura de mayor capacidad.
Ese cambio modificó completamente la visión inicial del proyecto y buscó privilegiar el abastecimiento de los sectores con mayores dificultades antes que desarrollar soluciones independientes para diferentes zonas de la ciudad.
El mayor avance llegó en junio de 2026, cuando comenzó oficialmente el proceso para contratar el diseño, construcción y puesta en marcha de la planta desalinizadora, con recursos ya asegurados por la Nación y los predios aportados por el Distrito.
Aunque la obra física iniciará durante el próximo gobierno, el proyecto terminó el cuatrienio con estudios, financiación y proceso contractual en marcha.
Las obras que sí quedaron
Mientras la desalinizadora continúa en etapa contractual, otras inversiones sí alcanzaron su fase de ejecución.
La más importante fue la rehabilitación integral de la EBAR Norte, considerada la infraestructura más importante del sistema de alcantarillado de Santa Marta.
La estación no recibía una intervención de fondo desde finales de los años noventa y su deterioro ocasionó durante años rebosamientos de aguas residuales que afectaban barrios como Pescaíto, Bellavista, Los Cocos y el Centro Histórico.
Después de una inversión cercana a los $32.000 millones, financiada completamente por el Gobierno Nacional, la obra fue entregada en julio de 2026 y entró oficialmente en operación tras quince meses de trabajos.
La intervención incluyó la modernización de equipos electromecánicos, sistemas hidráulicos, válvulas, tableros eléctricos y nuevas unidades de bombeo que permitirán mejorar la capacidad del sistema de alcantarillado.
Junto con la EBAR Norte también quedaron estructurados otros proyectos del Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado, entre ellos la optimización del sistema El Curval, la modernización de la planta de tratamiento de Mamatoco, la línea de conducción El Roble y nuevas intervenciones para reducir pérdidas de agua.
Mucho más que agua
El paquete anunciado por Gustavo Petro durante los actos de los 500 años de Santa Marta no se limitó al agua.
También prometió impulsar la ampliación del Aeropuerto Simón Bolívar, fortalecer la ciudad como polo tecnológico mediante centros de datos, proyectos de inteligencia artificial y una facultad orientada a ciencias cuánticas, además de inversiones para la recuperación ambiental de la Sierra Nevada y el desarrollo de energías limpias.
No obstante, estos anuncios permanecieron principalmente en fases de formulación, estructuración o concertación institucional.
A diferencia de las inversiones en agua y saneamiento, no alcanzaron el mismo nivel de ejecución física antes del cierre del gobierno.
La deuda con Essmar
Uno de los compromisos políticos más recordados fue la devolución de la Empresa de Servicios Públicos de Santa Marta (Essmar) al Distrito.
Durante diferentes encuentros con las autoridades locales, Gustavo Petro manifestó su intención de levantar la intervención de la Superintendencia de Servicios Públicos para que la ciudad recuperara el manejo de su empresa.
El anuncio fue recibido como una decisión estratégica para fortalecer la autonomía administrativa del Distrito y facilitar la ejecución de los grandes proyectos de agua.
Sin embargo, al finalizar el cuatrienio, ese compromiso seguía pendiente.
La intervención no había sido levantada mediante un acto administrativo definitivo y Essmar continuaba bajo el esquema de administración especial.
En consecuencia, una de las principales promesas institucionales relacionadas con la gestión del agua quedó sin concretarse antes del cambio de gobierno.
Un cambio de enfoque
Si algo caracterizó la relación entre el Gobierno Petro y Santa Marta fue el cambio de escala de las inversiones.
Durante décadas, las soluciones se concentraron en atender emergencias, reparar daños o ejecutar pequeñas obras.
Esta vez, el Ejecutivo apostó por proyectos de gran magnitud que buscan modificar estructuralmente el sistema de abastecimiento y saneamiento de la ciudad.
Eso explica que buena parte de las inversiones no se traduzcan todavía en obras terminadas.
La desalinizadora, por ejemplo, apenas comenzará su construcción durante la próxima administración nacional, mientras otras iniciativas dependerán de que el nuevo gobierno mantenga los recursos comprometidos y continúe los procesos ya estructurados.
Un legado con luces y sombras
El balance del gobierno de Gustavo Petro en Santa Marta no admite respuestas simples.
No puede afirmarse que todas las promesas fueron cumplidas, pero tampoco que quedaron únicamente en anuncios.
Las inversiones en agua y saneamiento representan uno de los mayores esfuerzos financieros realizados por la Nación en la historia reciente de la ciudad. La rehabilitación de la EBAR Norte, la estructuración del Plan Maestro, el avance del sistema El Curval y el proceso contractual de la planta desalinizadora son evidencia de ello.
Al mismo tiempo, otros compromisos quedaron inconclusos.
La devolución de Essmar nunca se materializó, varios proyectos tecnológicos permanecen en etapa de formulación y la ampliación del aeropuerto sigue esperando pasar de los anuncios a las obras.
A los 501 años de Santa Marta, el legado de Gustavo Petro deja una ciudad con inversiones históricas encaminadas, una solución estructural para el agua más cerca que hace cuatro años y una larga lista de proyectos cuya verdadera evaluación dependerá de que el próximo gobierno los convierta, finalmente, en realidades.