Edgardo de Jesús Murgas Mengual más conocido como “machi” un arbitro de corazón.
Edgardo de Jesús Murgas Mengual siempre soñó con ser un árbitro y en el año de 1994, el sueño comenzó a hacerse realidad, para mayo del año 1996 hizo su primer arbitraje nacional en la La División Aficionada del Fútbol Colombiano.
Pero en el año de 1997 un aparatoso accidente cambió su vida, intentando trepar un árbol para coger mangos se accidentó y el accidente fue tan fuerte que estuvo en estado de coma por dos meses y medio.
Las secuelas de accidente se la hicieron muy difícil, no podía caminar, ni hablar, pero no se rindió y después de 8 años de terapias acarició de nuevo la oportunidad de arbitrar, pero como apasionado por el deporte.
«Machi» como le dicen sus amigos, no renuncia al arbitraje, actualmente pita en los torneos de la ciudad de Santa Marta, partidos para niños y adolescentes, el escenario no importa el sueño sigue ahí y cada que entra a una cancha lo vive.
LA VIDA SE PARTIÓ EN DOS
Edgardo no olvidará nunca el suceso que cambió su vida para siempre, estudiaba en el Sena y era un joven lleno de sueños. Como dirían los viejos ‘se encaramó’ en un árbol de mangos y la caída fue fuerte.
Durante los dos meses en coma, los médicos no daban esperanza de vida, decían que no podría caminar nuevamente e incluso que iba a morir porque tenía hematomas en la cabeza que no generaban muchas esperanzas.
El accidente ocurrió cuando apenas estaba iniciando su carrera arbitral ya había participado en varias finales y a veces la nostalgia le trae esos momentos a la memoria y se deja seducir por la idea de que si no hubiese pasado por este trance su vida sería distinta.
Considera que tuvo todo para ser de los mejores, agradece a sus mentores: Corbacho Brito, Segundo Iguarán, Ángel Florez fueron que entrenaron al prospecto en aquel entonces para el arbitraje nacional y regional.
NUNCA DEJÓ DE LUCHAR
Aunque recuperarse del accidente fue difícil, lo que vino después requirió más fortaleza. Las puertas se cerraron y no encontraba empleo en ningún lado, dice que es casi imposible que a una persona con discapacidad le den un empleo.
Se dedicó a vender lotería, pese a que ha hecho varios cursos técnicos, para poder dedicarse a otro oficio en este trabajo lleva más de 20 años.
“Si pudiera retroceder el tiempo no haría algunas cosas, como subirme aun árbol sin medir los riesgos» pero de cara al futuro aún tiene un sueño por conseguir: Quiere tener un hijo y espera hacerlo pronto.