“Le voy a poner el agua que nadie le ha puesto a Santa Marta”: Beltrán responde en el Senado

La frase llegó después de 53 horas en Santa Marta que desataron una tormenta política para el ministro de Vivienda. El viaje ocurrió cinco días después del terremoto del 10 de agosto, dejó una reunión oficial de una hora reportada ante el Congreso y terminó llevando al funcionario a una moción de censura cuya votación […]

Por Álvaro Quintana Mendoza
“Le voy a poner el agua que nadie le ha puesto a Santa Marta”: Beltrán responde en el Senado

El ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, aseguró durante el debate de moción de censura en el Senado que trabajará para ayudar a resolver la histórica crisis de abastecimiento de agua de Santa Marta, mientras avanzan proyectos como las plantas desalinizadoras.

La frase llegó después de 53 horas en Santa Marta que desataron una tormenta política para el ministro de Vivienda. El viaje ocurrió cinco días después del terremoto del 10 de agosto, dejó una reunión oficial de una hora reportada ante el Congreso y terminó llevando al funcionario a una moción de censura cuya votación será el 15 de septiembre.

La pregunta que durante semanas persiguió al ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, volvió a aparecer el 9 de septiembre en el Senado, pero esta vez fue el propio funcionario quien decidió ponerla sobre la mesa. ¿Cuántos días estuvo en Santa Marta? La respuesta era conocida: 53 horas, entre el sábado 15 y el lunes 17 de agosto.

Lo que nadie esperaba era que, después de escuchar nuevamente los cuestionamientos por ese viaje, Beltrán utilizara la misma ciudad para hacer una de las promesas más fuertes de su intervención: “Le voy a poner el agua que nadie le ha puesto a Santa Marta”.

Para entender cómo se llegó hasta esa frase hay que regresar al 10 de agosto, cuando el terremoto que sacudió al país puso en marcha una emergencia que involucró a distintas entidades del Gobierno.

Cinco días después, mientras todavía se evaluaban los daños y avanzaban las labores de atención, Beltrán llegó a Santa Marta a las 11:00 de la mañana del sábado 15 de agosto y permaneció allí hasta las 4:00 de la tarde del lunes 17, de acuerdo con la información que posteriormente entregó el Ministerio al Congreso.

Fueron 53 horas en la ciudad, un tiempo que por sí solo no habría marcado la agenda política si las fotografías del ministro junto a su familia no hubieran terminado circulando en medio de la emergencia.

Las imágenes cambiaron la conversación porque el debate dejó de estar relacionado únicamente con el viaje y pasó a concentrarse en las responsabilidades del jefe de la cartera de Vivienda mientras el país enfrentaba las consecuencias del terremoto.

A partir de entonces comenzó a tomar fuerza una pregunta mucho más concreta: qué actividades oficiales había cumplido Beltrán durante esas 53 horas y si su permanencia en Santa Marta había interferido con sus funciones.

La respuesta oficial llegó después y dejó otro número sobre la mesa. El Ministerio informó al Congreso que el lunes 17 de agosto, entre la 1:30 y las 2:30 de la tarde, el ministro participó en una reunión virtual de una hora con sus viceministros, destinada a revisar los resultados de la semana anterior y preparar una mesa técnica para el día siguiente.

La cartera sostuvo que Beltrán podía ejercer sus funciones de manera remota y que no existió una ausencia formal del cargo, además de señalar que el presidente Abelardo de la Espriella estaba informado sobre su viaje.

El dato de las 53 horas, sin embargo, ya había adquirido vida propia dentro del debate político.

A la discusión sobre la permanencia del ministro en Santa Marta se sumó el costo de su esquema de seguridad, reportado en $14,39 millones, y con el paso de los días el episodio terminó incorporándose a los argumentos de una moción de censura contra el funcionario.

Pero mientras en Bogotá el viaje se convertía en un problema político, en Santa Marta comenzaba a desarrollarse otra historia que terminaría siendo determinante para entender la declaración de Beltrán en el Senado.

El 27 de agosto, apenas diez días después de su regreso, el ministro recibió al alcalde de Santa Marta, Carlos Pinedo, para revisar proyectos relacionados con agua potable y saneamiento básico.

Entre las iniciativas discutidas estaba la Planta de Tratamiento de Agua Potable de El Curval, proyectada con capacidad para producir 800 litros por segundo, además de obras de conducción y reposición de redes.

El Distrito también había reportado cerca de $890.000 millones en vigencias futuras para esta apuesta, mientras que el proyecto de plantas desalinizadoras contemplaba recursos superiores a $786.000 millones.

Ese encuentro hizo que Santa Marta dejara de ser únicamente el lugar de un viaje cuestionado y pasara a formar parte, al mismo tiempo, de la agenda de proyectos del Ministerio. Por eso, cuando Beltrán regresó al Senado el 9 de septiembre, tenía una carta política diferente para responder a quienes habían utilizado su permanencia en la ciudad como argumento contra él.

El ministro volvió a ofrecer disculpas por la controversia, aunque sostuvo que compartir con su familia no significaba haber abandonado sus responsabilidades.

 Después llevó el debate hacia los habitantes de la ciudad y planteó que, si su presencia en Santa Marta había servido para cuestionarlo, también sería esa ciudad la que conocería su gestión.

“La preocupación real es: ¿cuántos días estuvo el ministro en Santa Marta?”, preguntó durante su intervención, antes de dirigirse directamente a los samarios: “Pues déjeme decirle a los samarios que van a tener un ministro que, con la ayuda de Dios, le va a poner el agua que nadie le ha puesto a Santa Marta”.

La frase no quedó ahí. Beltrán añadió que, si lo que buscaban sus contradictores era “manchar” su nombre con Santa Marta, “esa ciudad va a conocer que tiene ministro”, convirtiendo así el escenario de la controversia en el escenario desde el cual reivindicó su gestión.

Ahora la promesa tendrá que enfrentarse con los proyectos que ya están sobre la mesa y con una necesidad que no comenzó con esta polémica. El Curval, las iniciativas de desalación y las obras de acueducto y alcantarillado forman parte de una discusión que Santa Marta arrastra desde hace años, por lo que la frase del ministro tendrá que medirse con decisiones, recursos, contratos y obras capaces de aumentar realmente la disponibilidad de agua para la ciudad.

Antes de que esa gestión pueda ser evaluada, Beltrán tendrá que enfrentar el desenlace político del episodio que comenzó con aquel viaje. El Senado programó para el 15 de septiembre, a las 3:00 de la tarde, la votación de la moción de censura, de manera que las 53 horas que permaneció en Santa Marta volverán a ocupar el centro de la discusión.

Así, una controversia que comenzó cinco días después del terremoto terminó conectando tres escenarios distintos: las fotografías de un ministro en Santa Marta, el debate político que llegó hasta el Senado y una promesa sobre el agua de la ciudad. La primera pregunta fue cuánto tiempo estuvo allí; ahora, además de esa respuesta, queda otra por resolver: qué hará Beltrán con el compromiso que asumió públicamente ante los samarios.

Álvaro Quintana Mendoza

Autor

Álvaro Quintana Mendoza

Periodista de Código Prensa. Información verificada y contexto local.

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