Petro lo sentó a negociar; De la Espriella ordenó perseguirlo: la caída de ‘Bendito Menor’ expone el fracaso de la Paz Total y pone a prueba la mano dura

Naín Pérez Toncel pasó de ser reconocido como representante de las ACSN durante el Gobierno Petro, con suspensión temporal de sus órdenes de captura, a convertirse en objetivo de alto valor durante el Gobierno de Abelardo de la Espriella, que terminó abatido en Riohacha. La caída de Naín Andrés Pérez Toncel, alias ‘Bendito Menor’, deja […]

Por Álvaro Quintana Mendoza
Petro lo sentó a negociar; De la Espriella ordenó perseguirlo: la caída de ‘Bendito Menor’ expone el fracaso de la Paz Total y pone a prueba la mano dura

Bendito Menor, presentado como gestor de paz y señalado como objetivo de alto valor por el sector político de De La Espriella, fue abatido en medio de un operativo que vuelve a poner el foco sobre la seguridad y la violencia en Colombia.

Naín Pérez Toncel pasó de ser reconocido como representante de las ACSN durante el Gobierno Petro, con suspensión temporal de sus órdenes de captura, a convertirse en objetivo de alto valor durante el Gobierno de Abelardo de la Espriella, que terminó abatido en Riohacha.

La caída de Naín Andrés Pérez Toncel, alias ‘Bendito Menor’, deja una historia difícil de ignorar en el debate sobre la seguridad en Colombia. El hombre que durante el Gobierno de Gustavo Petro fue reconocido como miembro representante de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, ACSN, y tuvo suspendidas temporalmente sus órdenes de captura para facilitar los acercamientos de la llamada Paz Total, terminó abatido este viernes 4 de septiembre, durante un operativo de la Policía Nacional en Riohacha. En pocos meses pasó de interlocutor del Estado a objetivo prioritario de la fuerza pública, un giro que pone bajo la lupa la efectividad de la estrategia de negociación con esta estructura criminal.

La controversia no está en que el Estado haya intentado negociar. El problema aparece cuando se contrasta esa decisión con lo que ocurrió después. Pérez Toncel no era un dirigente social ni un representante de una comunidad en conflicto, sino un cabecilla de una organización armada a quien las autoridades atribuían responsabilidades en narcotráfico, extorsiones, homicidios, reclutamiento y control territorial. Su trayectoria dentro de las ACSN comenzó como sicario en 2019 y terminó llevándolo al mando del frente Javier Cáceres y al control de actividades criminales en corredores estratégicos del Caribe.

La negociación no desmontó la estructura

El reconocimiento de ‘Bendito Menor’ como miembro representante ocurrió mediante la Resolución 091 del 1 de abril de 2025, que incluyó la suspensión temporal de órdenes de captura mientras estuviera vigente ese reconocimiento. La finalidad era facilitar los espacios de conversación, verificar una eventual voluntad de tránsito hacia la legalidad y avanzar en la construcción de paz territorial.

Sin embargo, el caso terminó mostrando la distancia entre reconocer a un jefe armado como interlocutor y conseguir que su organización abandone realmente la criminalidad. Según la información recopilada, posteriormente se reactivaron las persecuciones y recompensas debido a su reincidencia, mientras las ACSN continuaban manteniendo capacidad armada y presencia territorial.

Ese es el núcleo de la crítica a la Paz Total en este caso: la negociación no consiguió convertir a ‘Bendito Menor’ en un actor que avanzara hacia la legalidad y tampoco desarticuló la estructura que dirigía. Por eso resulta válido hablar de un fracaso específico de esa estrategia frente a este cabecilla, aunque sería excesivo utilizar este episodio por sí solo para declarar fracasada toda la política de Paz Total.

La propia evolución de Pérez Toncel terminó agravando la contradicción. Mientras tenía reconocimiento dentro del proceso, su figura adquiría mayor exposición pública y aparecía en videos exhibiendo armas, lujos y motocicletas de alta gama, además de desafiar a las autoridades. Para 2026, los reportes le atribuían participación en hechos violentos y actividades criminales que terminaron devolviéndolo al centro de las operaciones de seguridad.

La respuesta de De la Espriella

El cambio de Gobierno modificó radicalmente la relación con las ACSN. Abelardo de la Espriella dejó atrás el esquema de acercamientos y convirtió a ‘Bendito Menor’ en objetivo de alto valor. En julio de 2026 había ordenado preparar las acciones necesarias para capturarlo o abatirlo en caso de resistencia, dentro de una política de seguridad que plantea una confrontación directa con las organizaciones armadas.

El desenlace llegó semanas después. El 4 de septiembre, una operación de la Policía Nacional, con participación de unidades de inteligencia y apoyo de las Fuerzas Militares, terminó con la muerte de Pérez Toncel en Riohacha. Junto a él murieron su pareja sentimental, alias ‘La Bebecita’, señalada de manejar recursos de la organización, y dos escoltas.

Desde la perspectiva operacional, se trata de un golpe importante contra el frente Javier Cáceres. ‘Bendito Menor’ era uno de sus principales cabecillas y una figura visible de las ACSN en La Guajira y los corredores del Caribe. Su muerte puede afectar la línea de mando, las redes de apoyo y la capacidad de intimidación de esa subestructura.

Pero aquí comienza el verdadero examen para el Gobierno de De la Espriella. Abatir al cabecilla no equivale automáticamente a desmantelar la organización. Las ACSN mantienen estructuras, redes de apoyo y economías ilegales vinculadas con narcotráfico y extorsión, además de presencia en La Guajira, Magdalena y sectores del Cesar.

El vacío que deja ‘Bendito Menor’ puede incluso convertirse en un nuevo escenario de disputa. No existe confirmación inmediata sobre quién asumirá el mando del frente Javier Cáceres y el documento advierte sobre la posibilidad de pugnas internas o enfrentamientos con otras organizaciones, especialmente el Clan del Golfo, por el control territorial.

Por eso, el Gobierno puede presentar la operación como un resultado contundente, pero todavía no puede presentar la desaparición de ‘Bendito Menor’ como el final del problema. La prueba será lo que ocurra después de su muerte: si disminuyen las extorsiones, si se debilitan las rutas del narcotráfico, si las comunidades recuperan espacios controlados por las estructuras armadas y si la organización pierde realmente su capacidad de operar.

El contraste entre ambos gobiernos queda así expuesto. Petro apostó por reconocer a integrantes de las ACSN como interlocutores y suspender temporalmente sus órdenes de captura para facilitar el diálogo; De la Espriella decidió terminar ese camino y perseguirlos como objetivos de alto valor. En el caso concreto de ‘Bendito Menor’, el primer enfoque terminó sin lograr su tránsito a la legalidad y el segundo consiguió abatirlo.

Ahora falta responder la pregunta que determinará quién tuvo razón en términos de seguridad: ¿la muerte de un cabecilla será el comienzo del desmantelamiento de las ACSN o apenas el inicio de una nueva disputa por el poder criminal en el Caribe?

Álvaro Quintana Mendoza

Autor

Álvaro Quintana Mendoza

Periodista de Código Prensa. Información verificada y contexto local.

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