¿Qué pasará ahora con la solución del agua para Santa Marta?
El futuro de la desalinizadora de $786.000 millones deberá definirse tras quedar sin proceso contractual vigente y bajo revisión de los organismos de control. Mientras El Curval sigue otra ruta y ESSMAR vuelve al Distrito, estas son las decisiones que determinarán cuándo tendrá la ciudad nuevas fuentes de agua. Santa Marta llegó a una nueva […]

El futuro del abastecimiento de agua en Santa Marta sigue en definición, mientras proyectos como la desalinizadora, El Curval y la recuperación de pozos avanzan por distintas rutas administrativas y técnicas.
El futuro de la desalinizadora de $786.000 millones deberá definirse tras quedar sin proceso contractual vigente y bajo revisión de los organismos de control. Mientras El Curval sigue otra ruta y ESSMAR vuelve al Distrito, estas son las decisiones que determinarán cuándo tendrá la ciudad nuevas fuentes de agua.
Santa Marta llegó a una nueva etapa en la búsqueda de una solución para su déficit de agua. Esta vez, la discusión no consiste en anunciar otra obra, sino en determinar qué ocurrirá con los proyectos que ya estaban planteados, cuáles pueden continuar y cuánto tiempo separa a la ciudad de recibir agua de nuevas fuentes.
La mayor incertidumbre está alrededor de la desalinizadora. El proyecto cuenta con un respaldo nacional estimado en $786.032 millones para varias vigencias, tiene estudios y documentación técnica, aunque actualmente no existe una licitación, una adjudicación ni un contrato de construcción vigente.
ESSMAR hizo esa precisión el 19 de agosto después de que la iniciativa fuera incluida por el Gobierno de Abelardo de la Espriella en el denominado Libro de la Verdad.
La empresa explicó que durante la intervención de la Superintendencia de Servicios Públicos lo que se adelantó fue una solicitud de ofertas no vinculantes para conocer cotizaciones del mercado. Ese procedimiento terminó el 7 de agosto, coincidiendo con el regreso de ESSMAR al Distrito.
Por eso, la pregunta ya no es ¿qué ocurrió con una obra en construcción?, pues la obra nunca llegó a esa etapa.
La pregunta gira en ¿Qué debe ocurrir ahora para que el proyecto pueda avanzar?
Primer paso: determinar qué ocurrió con el proceso
Antes de una eventual contratación existe un asunto que deberá resolverse: la revisión de las actuaciones anteriores.
La Procuraduría ya había solicitado en julio la suspensión preventiva del proceso relacionado con la solución de abastecimiento por más de $786.000 millones. El organismo pidió información para revisar aspectos de planeación, transparencia y selección objetiva.
El Gobierno de Abelardo de la Espriella incluyó el proyecto entre los casos entregados a los organismos de control dentro del Libro de la Verdad.
Esto no significa que se haya establecido la existencia de corrupción ni responsabilidades.
Significa que Fiscalía, Procuraduría y Contraloría tendrán que revisar las actuaciones correspondientes y determinar si existen elementos que ameriten investigaciones o decisiones adicionales.
Esa diferencia es importante porque de esas conclusiones puede depender la forma en que continúe el proyecto.
Segundo paso: definir si la desalinizadora continúa igual
Superada esa etapa aparece una decisión que corresponde al terreno técnico y político.
Por ahora, ninguna de esas alternativas puede darse por confirmada.
ESSMAR se limitó a informar que está adelantando las actuaciones administrativas necesarias para cerrar la solicitud de ofertas no vinculantes y manifestó que atenderá los requerimientos de las autoridades.
Esto significa que cualquier nueva contratación requerirá una decisión posterior.
Tercer paso: resolver qué ocurre con los $786.000 millones
Esta puede convertirse en la discusión más importante.
El alcalde Carlos Pinedo sostiene que los recursos destinados al proyecto están garantizados mediante el CONPES 4159. También ha hecho una precisión: el dinero no ha sido desembolsado.
Por eso existen tres conceptos que no deben confundirse.
Una cosa es tener recursos respaldados dentro de una programación nacional.
Otra es recibir efectivamente esos recursos.
Y otra muy diferente es comprometerlos mediante un contrato.
La desalinizadora está actualmente en el primer escenario, según las declaraciones conocidas del alcalde y la documentación del proyecto.
Pinedo ha pedido al nuevo Gobierno mantener la inversión destinada a Santa Marta y ha respaldado que los organismos de control revisen lo que consideren necesario.
Su posición puede resumirse así: investigar lo que haya que investigar sin que Santa Marta pierda los recursos destinados a resolver su déficit de agua.
El Gobierno Nacional tendrá entonces que definir cómo continúa ese respaldo financiero si la estructura contractual del proyecto cambia.
El agua no queda dependiendo únicamente de esa decisión
Aquí aparece una diferencia fundamental frente a años anteriores.
La desalinizadora no es la única obra planteada para aumentar la oferta.
Santa Marta también tiene El Curval, proyecto concebido para incorporar otra fuente al sistema de abastecimiento.
Eso significa que una demora en la desalinizadora no equivale automáticamente a que toda la estrategia de agua quede detenida.
También están la recuperación de pozos, las intervenciones sobre el sistema existente y el Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado.
La primera Junta Directiva de ESSMAR después del regreso al Distrito ya planteó un plan de choque que incluye recuperar pozos para reforzar el suministro mientras avanzan las soluciones estructurales.
En términos prácticos, Santa Marta tendrá que trabajar ahora en tres tiempos.
En el corto plazo, recuperar capacidad con las fuentes y la infraestructura disponibles.
En el mediano plazo, ejecutar las obras que ya tengan una ruta contractual definida.
Y en el largo plazo, incorporar nuevas fuentes capaces de garantizar suficiente agua frente al crecimiento de la ciudad.
ESSMAR vuelve a tener una responsabilidad central
El regreso de ESSMAR al Distrito también cambia quién tendrá que responder por buena parte de este proceso.
Después de casi cinco años de intervención, la empresa volvió a la administración local el 7 de agosto.
David Millán asumió posteriormente la gerencia y recibió una empresa que tendrá que resolver simultáneamente dos problemas: mejorar el servicio actual y preparar el sistema para las nuevas fuentes de abastecimiento.
No basta con producir más agua.
Será necesario transportarla, almacenarla y distribuirla.
Eso obliga a mirar redes, pérdidas, estaciones, conducción y capacidad de almacenamiento junto con las nuevas plantas.
La discusión sobre el futuro del agua de Santa Marta, por tanto, ya no puede reducirse a decidir si se construye o no una desalinizadora.
Entonces, ¿qué viene ahora?
El escenario puede resumirse de esta manera.
La desalinizadora no está contratada y el procedimiento de ofertas no vinculantes terminó.
Los organismos de control deberán revisar las actuaciones cuestionadas.
ESSMAR tendrá que cerrar administrativamente ese procedimiento y definir, junto con el Distrito y el Gobierno Nacional, la ruta posterior.
El Gobierno deberá aclarar qué ocurrirá con los recursos previstos para las vigencias futuras si el proyecto requiere ajustes o una nueva contratación.
Pinedo intentará mantener esa inversión para Santa Marta.
Mientras se toman esas decisiones, ESSMAR tendrá que avanzar con las soluciones inmediatas y la ciudad deberá continuar los otros proyectos destinados a aumentar su oferta.
Por eso, no puede afirmarse hoy que la desalinizadora esté cancelada.
Tampoco puede asegurarse cuándo será contratada.
Lo que comienza ahora es probablemente la etapa más decisiva: determinar si el proyecto supera las revisiones, bajo qué condiciones puede continuar y quién asumirá su ejecución.
Para Santa Marta, el resultado de esas decisiones marcará la diferencia entre conservar una inversión de $786.000 millones para una nueva fuente de abastecimiento o tener que replantear nuevamente parte de su estrategia.
Y mientras esa definición llega, la ciudad tendrá que avanzar por las otras rutas disponibles.
El agua de Santa Marta entra así en una etapa menos visible que los anuncios de grandes obras, aunque mucho más determinante: decidir qué se construye, con qué dinero, bajo qué condiciones y en cuánto tiempo puede comenzar a producir agua.
