El gobernador Rafael Martínez ejerce más un papel de ‘encargado’ frente al protagonismo omnipresente de su jefe político: Carlos Caicedo.
En el Magdalena, la pregunta sobre quién gobierna realmente parece haberse resuelto hace tiempo. Rafael Martínez, oficialmente el gobernador del Departamento, se encuentra eclipsado por su jefe político y exgobernador Carlos Caicedo. En cada acto público, la relación de poder queda al desnudo: mientras Caicedo avanza como protagonista absoluto, Martínez observa desde un rincón, aparentemente cómodo en su papel secundario.
No es la primera vez que el departamento es testigo de esta dinámica. Desde sus inicios en la política, Martínez ha sido leal a Caicedo, quien lo proyectó como sucesor en la Gobernación del Magdalena. Sin embargo, esa lealtad parece haberse transformado en dependencia. En lugar de liderar con autonomía, Martínez ha consolidado su imagen como un gobernador encargado de ejecutar las directrices de su jefe político.
Carlos Caicedo no necesita el título de gobernador para ejercer influencia. Con cada discurso, inauguración o corte de cinta, actúa como si aún tuviera el mandato oficial. Esta situación refleja una paradoja en la política regional: el poder real no reside en el despacho oficial del Palacio Tayrona, sino en las maniobras políticas de quien no ocupa ningún cargo formal.
El papel de Rafael Martínez ha generado críticas tanto de la oposición como de algunos sectores de su propia base política. Para muchos, el gobernador es poco más que una figura decorativa, incapaz de tomar decisiones de peso sin la aprobación de Caicedo. Esto, en un contexto donde la gobernabilidad del Magdalena enfrenta desafíos graves, desde el rezago en infraestructura hasta los altos índices de pobreza.
La historia recordará a Rafael Martínez, pero probablemente no por su gestión. Si sigue siendo percibido como el gobernador encargado de un exgobernador, su legado estará marcado por la falta de liderazgo propio. Sin embargo, aún tiene tiempo para cambiar esta narrativa, aunque para ello deba desafiar la sombra que lo eclipsa.
El Magdalena vive una paradoja de poder. Rafael Martínez, el gobernador del Magdalena, se encuentra atrapado en el rol de actor secundario frente al protagonismo de Carlos Caicedo. Si bien la lealtad puede ser una virtud, en política, la falta de liderazgo puede convertirse en un lastre que la historia no perdona.