Yenis Quintana, la estudiante de Medicina de Santa Marta que dejó su hogar para atender a familias afectadas por el terremoto
La voluntaria viajó desde Santa Marta hasta El Cairo Valle del Cauca, uno de los municipios golpeados por el terremoto. Allí participa en la atención de la emergencia y acompaña a familias que enfrentan pérdidas, miedo e incertidumbre. Una cosa fue conocer desde Santa Marta las noticias del terremoto que sacudió al país y otra […]

Yenis, voluntaria y rescatista, hace parte del equipo que llegó a Cali para apoyar las labores de atención y respuesta tras la emergencia provocada por el terremoto.
La voluntaria viajó desde Santa Marta hasta El Cairo Valle del Cauca, uno de los municipios golpeados por el terremoto. Allí participa en la atención de la emergencia y acompaña a familias que enfrentan pérdidas, miedo e incertidumbre.
Una cosa fue conocer desde Santa Marta las noticias del terremoto que sacudió al país y otra muy distinta llegar a El Cairo, Valle del Cauca, caminar por sus calles y encontrarse frente a frente con las familias afectadas. Esa distancia entre observar una tragedia y vivirla de cerca la conoce ahora Yenis Quintana Martínez.
Es madre cabeza de hogar, estudiante de Medicina de la Universidad del Magdalena y voluntaria socorrista del Cuerpo de Rescate Especial Voluntario, CREP Colombia. Desde Santa Marta emprendió el viaje para sumarse a las labores humanitarias tras el terremoto del 10 de agosto, que tuvo una magnitud de 7,4 y golpeó con especial fuerza al occidente colombiano. El Cairo quedó entre los municipios con mayores afectaciones.

“Ha sido una experiencia muy fuerte. Venimos desde Santa Marta con toda la disposición de servir y aunque sabíamos que nos encontraríamos con una situación difícil, una cosa es escuchar las noticias y otra muy diferente es estar aquí, caminar por las zonas afectadas y mirar directamente a las familias que lo han perdido todo”, cuenta.
Para Yenis, estar allí también representa un esfuerzo personal. Su vida cotidiana transcurre entre las responsabilidades de su hogar, su formación como futura médica y el voluntariado. Sin embargo, ante la dimensión de la emergencia decidió viajar para aportar desde la experiencia adquirida como socorrista.
“He tenido que hacer muchos esfuerzos para poder estar aquí, pero siento que cuando uno tiene la posibilidad de ayudar en una emergencia, también tiene una responsabilidad con los demás”, explica.
Del rescate a escuchar a las familias
Las jornadas han sido largas y exigentes. El trabajo del equipo cambia según las necesidades que encuentran durante cada recorrido. Los voluntarios apoyan actividades relacionadas con la atención de la emergencia, identifican requerimientos de las comunidades, brindan primeros auxilios y participan en labores de asistencia humanitaria.
Pero hay una necesidad que no siempre resulta visible entre las viviendas averiadas y los daños ocasionados por el terremoto: la emocional.
Yenis explica que muchas familias necesitan hablar, sentirse acompañadas y encontrar algo de tranquilidad después de haber visto cambiar sus vidas en cuestión de minutos.
“En una emergencia no solamente se atiende a las heridas físicas; nosotros también estamos para atender a esas personas que necesitan que alguien las escuche, que las acompañe y que les transmita un poco de tranquilidad en medio de todo lo que están viviendo”, señala.
Es el apoyo psicosocial en emergencias, una de las tareas que el grupo desarrolla durante esta fase de atención.
La dimensión de la tragedia que encontró en El Cairo ayuda a entender esa necesidad. Reportes publicados después del terremoto describen viviendas colapsadas, fachadas agrietadas y familias que todavía desconocen qué ocurrirá con sus hogares. Autoridades locales han advertido afectaciones generalizadas en las viviendas del municipio.
En medio de ese escenario, Yenis reconoce que la preparación como socorrista ayuda a actuar con serenidad, pero no convierte a quien atiende una emergencia en alguien ajeno al dolor.
“Uno aprende a actuar, a mantener la calma y a enfocarse en lo que se necesita hacer, pero esto no significa que uno sea indiferente. Hay imágenes y situaciones que definitivamente le quedan a uno en el corazón”.
Una experiencia que reafirma su vocación
Entre todas las escenas que ha presenciado, algunas aparentemente sencillas terminaron convirtiéndose en las que más recuerda.
Ha visto personas afectadas que, pese al miedo y las dificultades, siguen preguntando por sus familiares y vecinos. También ha encontrado damnificados preocupados por otras personas que consideran que están atravesando circunstancias todavía más difíciles.
Para ella, esas reacciones revelan otra cara de la emergencia.
“Hay situaciones que quizás desde afuera pueden parecer pequeñas, pero para la persona que la está viviendo significa absolutamente todo”, relata.
La experiencia también ha terminado conectándose con la carrera que escogió. Estudiar Medicina y servir como voluntaria aparecen ahora unidos por una idea que, después de estos días, Yenis considera todavía más clara: atender a una persona también significa acompañarla.
“Esto a mí me recuerda por qué decidí estudiar Medicina, por qué también soy voluntaria socorrista. La medicina no solamente se trata de enfermedades, medicamentos o procedimientos; se trata de estar presente cuando una persona está pasando por uno de los momentos más difíciles de su vida”.
Y mientras ella y sus compañeros intentan ofrecer ese acompañamiento, las familias también han encontrado formas de agradecerles.
Cuando cuentan que viajaron desde Santa Marta, algunas personas se sorprenden por la distancia recorrida únicamente para prestar ayuda. Yenis recuerda abrazos, agradecimientos y gestos cotidianos que han terminado convirtiéndose en una fuente de fortaleza para quienes llevan varios días trabajando.
“Creo que para ellos significa mucho saber que hay personas que recorrieron tantos kilómetros simplemente porque quisieron venir a ayudar”.
La experiencia ha cambiado también la manera como ella entiende el voluntariado. En El Cairo, lejos de su casa, ha encontrado una comunidad que recibe al equipo samario como parte de la respuesta colectiva ante la tragedia.
“Nosotros llegamos desde Santa Marta, pero aquí sentimos que todos hacemos parte de una misma comunidad. En una emergencia, realmente todos somos seres humanos ayudando a otros seres humanos”.
Ahora, antes de regresar a Santa Marta, Yenis sabe que no puede resolver por sí misma las consecuencias de una emergencia de semejante dimensión. Su expectativa es otra: que las familias atendidas recuerden que durante los días difíciles encontraron personas dispuestas a escucharlas y acompañarlas.
“Esperamos que al regresar a Santa Marta, aunque no podemos dar la solución a toda esta problemática, dejar sembrado en cada una de las personas que atendimos ese proceso de acompañamiento y toda la gratitud que nos han brindado durante estos días de labor humanitaria”.
Será ese el equipaje de regreso de Yenis Quintana: las historias escuchadas, los abrazos recibidos y una convicción reforzada sobre la profesión que decidió estudiar. Llegó desde Santa Marta como voluntaria para ayudar en una emergencia y regresará también con una lección que difícilmente cabe en un salón de clases: cuando una familia acaba de perder buena parte de lo que construyó durante años, estar presente, escuchar y acompañar también puede convertirse en una forma de cuidar.
