“Yo sí puedo criticarla”: la base que llevó a Margarita Guerra al poder ahora la acusa de alejarse del proyecto que la eligió

El reclamo de una joven activista que ayudó a elegir a la gobernadora vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿Margarita Guerra se apartó del proyecto político que la llevó a la Gobernación o simplemente decidió construir su propio camino? “Yo le confié mi voto”. Esa frase de Eliana Garceranth Bello resume una […]

Por Álvaro Quintana Mendoza
“Yo sí puedo criticarla”: la base que llevó a Margarita Guerra al poder ahora la acusa de alejarse del proyecto que la eligió

El giro político de Margarita Guerra ha generado críticas entre sectores que respaldaron su llegada a la Gobernación y que hoy cuestionan su cercanía con el Gobierno de Abelardo De la Espriella y su distancia frente al proyecto de Caicedo y Martínez.

El reclamo de una joven activista que ayudó a elegir a la gobernadora vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿Margarita Guerra se apartó del proyecto político que la llevó a la Gobernación o simplemente decidió construir su propio camino?

“Yo le confié mi voto”. Esa frase de Eliana Garceranth Bello resume una molestia que empieza a tomar fuerza entre sectores que acompañaron a Margarita Guerra en su llegada a la Gobernación del Magdalena y que hoy observan con desconcierto su acercamiento al presidente Abelardo De la Espriella.

Garceranth no habla desde la oposición. Según explica en su intervención, hizo parte de la campaña de Guerra y la respaldó porque la identificaba como una opción alejada de la derecha tradicional del departamento. Por eso reclama para sí el derecho a cuestionarla y, especialmente, a señalar lo que considera un cambio frente a las razones por las que decidió entregarle su voto.

Su crítica es fuerte, pero lo verdaderamente interesante está en lo que hay detrás de ella.

Porque la discusión sobre Margarita Guerra ya dejó de ser únicamente una pelea entre una gobernadora y algunos de sus antiguos seguidores. Lo que está en juego es la identidad política con la que llegó al Palacio Tayrona y la dirección que está tomando su administración.

Cuando Guerra asumió la Gobernación, el mensaje era inequívoco. La propia administración departamental presentó su llegada como una garantía de continuidad de los Gobiernos Populares y recordó que su propósito era prolongar el proyecto iniciado por Carlos Caicedo y continuado por Rafael Martínez. La mandataria fue todavía más explícita al señalar que fortalecería ese legado.

Ese antecedente hace que sus movimientos actuales tengan una lectura política inevitable.

Guerra no solo asistió a la posesión de De la Espriella en Cali. Desde entonces ha construido una relación institucional visible con el nuevo Gobierno Nacional, ha planteado una agenda conjunta para el Magdalena y, esta semana, respaldó públicamente los primeros 30 días de administración presidencial, destacando sus resultados en seguridad.

Desde el punto de vista institucional, trabajar con el Presidente de la República es perfectamente normal. Una gobernadora no puede escoger al Gobierno Nacional con el que le corresponde gestionar recursos, seguridad, infraestructura o servicios públicos.

El debate aparece en otro lugar: ¿hasta dónde llega la gestión institucional y en qué momento comienza un nuevo posicionamiento político?

Ahí es donde la fotografía de Guerra junto a De la Espriella adquiere un significado que supera el protocolo.

El problema no es reunirse con De la Espriella

Margarita Guerra tiene derecho a buscar interlocución directa con el Gobierno Nacional y a defender los intereses del Magdalena, incluso si el Presidente pertenece a una corriente ideológica contraria a aquella con la que ella llegó al poder.

El problema político es que su nueva relación con la Casa de Nariño ocurre después de haber llegado a la Gobernación como heredera de un proyecto claramente identificado con Caicedo y Martínez.

Y el contraste resulta evidente.

Mientras Caicedo ha mantenido una posición de confrontación política frente a sectores de derecha y frente al nuevo Gobierno, Guerra ha optado por una ruta diferente: acercamiento, diálogo y respaldo a algunas de las decisiones de De la Espriella.

Eso no demuestra por sí mismo una ruptura con Fuerza Ciudadana. De hecho, la gobernadora no ha anunciado formalmente que haya abandonado el movimiento.

Pero tampoco se puede ignorar que ella misma ha reivindicado ahora su independencia. En agosto, al responder a Rafael Martínez, reconoció que Fuerza Ciudadana promovió su candidatura y sostuvo que su administración tomaría decisiones con independencia.

Esa palabra —independencia— puede terminar siendo una de las claves de esta historia.

Porque una cosa es continuar un proyecto político bajo un liderazgo determinado y otra gobernar con una identidad propia, tomar distancia de los antiguos jefes políticos y construir relaciones directas con nuevos actores de poder.

¿Traición o emancipación?

En sectores cercanos al antiguo proyecto que llevó a Guerra a la Gobernación ya aparecen calificativos como “traidora” y expresiones de decepción. La intervención de Garceranth es una muestra concreta de ese malestar, pero no es suficiente para afirmar que toda la base de Guerra piense igual.

Lo que sí demuestra es que existe una fractura emocional y política que merece atención.

Para quienes votaron por Guerra esperando la continuidad del proyecto de Caicedo y Martínez, verla ahora junto a De la Espriella puede sentirse como un cambio de rumbo.

Para la gobernadora, en cambio, podría tratarse de algo completamente distinto: la decisión de dejar de ser simplemente la heredera de un proyecto para convertirse en una dirigente con agenda propia.

Y esa diferencia de interpretación es precisamente la que hace que el debate sea tan fuerte.

Porque si Guerra está construyendo autonomía, tarde o temprano tendrá que explicar hasta dónde llega esa autonomía y qué significa para su relación con Fuerza Ciudadana.

¿Sigue siendo la gobernadora de un proyecto que llegó al poder con el respaldo de Caicedo y Martínez?

¿O está construyendo una nueva plataforma política en la que esos liderazgos ya no ocupan el mismo lugar?

Todavía no existe una declaración definitiva que permita afirmar que haya una ruptura.

Pero los hechos sí permiten decir algo: la Margarita Guerra que hoy se relaciona directamente con el Gobierno de De la Espriella está mostrando una forma de hacer política diferente a la imagen de continuidad con la que llegó a la Gobernación.

Y por eso la crítica de Eliana Garceranth resulta relevante.

No porque una joven activista pueda hablar en nombre de todos los votantes de Guerra, sino porque su reclamo pone voz a una pregunta que puede crecer en el departamento: ¿qué recibió el elector cuando votó por Margarita Guerra y qué proyecto está viendo hoy desde el Palacio Tayrona?

La respuesta tendrá que darla la propia gobernadora.

Porque en política, las alianzas cambian, los gobiernos pasan y las fotografías se olvidan, pero los electores suelen recordar muy bien por qué entregaron su voto.

Álvaro Quintana Mendoza

Autor

Álvaro Quintana Mendoza

Periodista de Código Prensa. Información verificada y contexto local.

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