Ocho congresistas, seis partidos y un solo reto: demostrar que los intereses del Magdalena están por encima de las diferencias políticas. Con la instalación del nuevo Congreso comienza una prueba que marcará el futuro del departamento durante los próximos cuatro años.
La política colombiana suele medir el éxito de una bancada por el número de congresistas que hacen parte de la coalición de gobierno. Sin embargo, para el Magdalena esa no debería ser la principal discusión. La pregunta de fondo es otra: ¿serán capaces los ocho congresistas elegidos de actuar como una bancada regional o terminarán respondiendo exclusivamente a las directrices de sus partidos?
La representación magdalenense quedó distribuida entre diferentes fuerzas políticas, reflejando la pluralidad que dejaron las elecciones legislativas. En el Senado estarán Carmen Patricia Caicedo Omar, del Pacto Histórico; Honorio Miguel Henríquez Pinedo, del Centro Democrático; y Carlos Mario Farelo Daza, elegido por la coalición Cambio Radical-ALMA. En la Cámara de Representantes ejercerán Kelyn González, del Partido Liberal; Chadán Rosado, del Centro Democrático; José Hernández Polo, del Pacto Histórico y la Coalición Demócrata Amplia por la Paz; Elizabeth Molina Campo, del Partido de la U y la Coalición Suma; y Franklin Lozano, del Partido Conservador.
Más que una bancada homogénea, el Magdalena tendrá una representación fragmentada, con congresistas provenientes de sectores políticos que históricamente han competido entre sí. Esa diversidad puede convertirse en una debilidad si cada uno prioriza las disputas nacionales, pero también podría ser una fortaleza si logran construir consensos alrededor de los intereses del departamento.
Una relación distinta con el nuevo Gobierno
La llegada de Abelardo De La Espriella a la Presidencia modifica el panorama y obliga a cada partido a redefinir su papel frente al Ejecutivo. Aunque todavía es temprano para hablar de una coalición completamente consolidada, sí existen tendencias que permiten anticipar cómo podría moverse el Congreso.
Los congresistas del Centro Democrático, Honorio Henríquez y Chadán Rosado, aparecen como los dirigentes con mayores posibilidades de acompañar la agenda del nuevo Gobierno.
La cercanía política entre esa colectividad y el presidente electo hace prever que respaldarán buena parte de las iniciativas oficiales, especialmente aquellas relacionadas con seguridad, justicia, fortalecimiento institucional y crecimiento económico.
En contraste, los representantes del Pacto Histórico, Carmen Patricia Caicedo y José Hernández Polo, llegarán previsiblemente con un papel de oposición. Después de perder la Presidencia de la República, esa colectividad buscará mantener influencia desde el Congreso mediante el control político y la defensa de las banderas que impulsó durante el gobierno de Gustavo Petro.
Entre esos dos extremos aparecen los partidos llamados a convertirse en el verdadero eje de las mayorías legislativas.
El Partido de la U, representado por Elizabeth Molina Campo, ha demostrado durante las últimas décadas una alta capacidad para construir acuerdos con los gobiernos de turno. Su comportamiento suele responder más a negociaciones programáticas que a posiciones ideológicas rígidas.
Algo similar ocurre con el Partido Conservador, donde Franklin Lozano podría desempeñar un papel importante en la construcción de consensos alrededor de proyectos económicos y sociales, dependiendo de la agenda que presente el Ejecutivo.
Por su parte, el Partido Liberal, con Kelyn González, mantiene una posición más abierta a la negociación. Sus decisiones estarán condicionadas por las orientaciones nacionales de la colectividad y por los acuerdos que se construyan durante las primeras semanas del nuevo Congreso.
Finalmente, Carlos Mario Farelo, desde la coalición Cambio Radical-ALMA, podría convertirse en uno de los congresistas con mayor margen de maniobra política. Tradicionalmente, Cambio Radical ha mantenido independencia frente a distintos gobiernos, respaldando iniciativas específicas sin asumir una adhesión absoluta.
El Magdalena votó distinto al país
Existe otro elemento político que marcará el comportamiento de la bancada.
Durante la segunda vuelta presidencial, el Magdalena respaldó mayoritariamente la candidatura de Iván Cepeda, mientras que el resultado nacional favoreció a Abelardo De La Espriella. Ese contraste convierte al departamento en un escenario político particular.
Lejos de representar un obstáculo, esa realidad puede traducirse en una oportunidad. Precisamente porque la representación parlamentaria está distribuida entre sectores de gobierno, independientes y oposición, el Magdalena tendrá interlocutores en distintos espacios del Congreso.
La clave estará en que esas diferencias ideológicas no impidan defender proyectos fundamentales para el territorio.
La agenda que no admite divisiones
Si existe un tema sobre el cual no deberían presentarse diferencias políticas es la agenda regional.
El Magdalena continúa enfrentando problemas estructurales que llevan décadas esperando soluciones. El abastecimiento de agua potable en Santa Marta y varios municipios, la recuperación ambiental de la Ciénaga Grande, la seguridad en zonas rurales, el fortalecimiento del sector agropecuario, la modernización de la infraestructura vial, el impulso al turismo y el desarrollo portuario requieren una gestión permanente ante el Gobierno Nacional.
También será determinante el seguimiento a proyectos estratégicos relacionados con el quinto distrito de Policía, la protección de los productores rurales, la conectividad del departamento y las inversiones necesarias para enfrentar los desafíos derivados del crecimiento poblacional y del cambio climático.
Ninguno de esos temas pertenece a un partido político. Todos hacen parte de una agenda que debería unir a los ocho congresistas.
Más que votos, resultados
El nuevo periodo legislativo representa una oportunidad para cambiar una percepción que durante años ha acompañado al Magdalena: la dificultad para consolidar una verdadera bancada regional.
En varias ocasiones los congresistas del departamento han trabajado de manera individual, respondiendo a intereses partidistas o nacionales antes que a una estrategia conjunta para defender los proyectos del territorio.
El nuevo Congreso ofrece la posibilidad de romper ese esquema.
La diversidad política puede convertirse en una ventaja si cada uno utiliza sus canales de interlocución para gestionar recursos, abrir puertas en el Gobierno y construir acuerdos alrededor de iniciativas que beneficien al departamento.
La ciudadanía, sin embargo, será menos paciente que en otros periodos. Más que discursos o debates ideológicos, los magdalenenses evaluarán a sus congresistas por los resultados que logren obtener en materia de inversión, gestión y soluciones concretas.
En ese sentido, el éxito de la nueva representación no dependerá únicamente de cuántos congresistas estén cerca del presidente o de cuántos hagan oposición. La verdadera prueba consistirá en demostrar que, cuando se trate del Magdalena, las diferencias partidistas pueden quedar en un segundo plano.
Porque, al final, el departamento no eligió ocho dirigentes para defender partidos distintos. Los eligió para representar una sola región. Y esa será la principal evaluación que comenzará desde hoy con la instalación del Congreso de la República.