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Creo, la puerta que sigue abriendo caminos en los municipios del Magdalena

por Álvaro Quintana Mendoza
Estudiantes de distintos municipios del Magdalena inician su proceso académico en el Creo, un programa que les permite acceder a educación superior sin salir de sus territorios.

El programa de la Universidad del Magdalena continúa consolidándose como una alternativa real para quienes buscan estudiar sin salir de sus territorios, con historias que muestran cómo la educación empieza a cambiar dinámicas en distintas poblaciones.

En varios municipios del Magdalena, estudiar una carrera profesional o tecnológica dejó de ser una idea lejana para convertirse en una posibilidad concreta, esa es la realidad que hoy sigue tomando forma a través del Centro para la Regionalización de la Educación y las Oportunidades, Creo, una estrategia de la Universidad del Magdalena que con el paso del tiempo ha ido ganando espacio entre quienes buscan formarse sin tener que abandonar sus lugares de origen.

Aunque las jornadas de inducción ya hacen parte del calendario habitual de cada inicio de ciclo académico, lo que ocurre alrededor de estos encuentros permite entender el alcance que ha tenido el programa, no solo como un proceso de bienvenida, también como el primer contacto de muchos estudiantes con un sistema que les abre la puerta a continuar sus proyectos de vida.

En estos espacios, más que presentaciones formales, se da un acercamiento directo entre estudiantes y equipos de acompañamiento, allí conocen rutas académicas, apoyos disponibles y alternativas que van desde orientación psicológica hasta estrategias para evitar la deserción, algo que sigue siendo uno de los principales retos en la educación superior en regiones.

Historias que reflejan una oportunidad real

Detrás de cada grupo de nuevos estudiantes hay historias distintas, algunas marcadas por pausas largas en la educación, otras por el deseo de iniciar un camino que antes parecía inalcanzable, en ambos casos el Creo aparece como una opción viable.

Hay quienes regresan después de más de una década sin estudiar, encontrándose con una universidad distinta, con mejores condiciones y herramientas que facilitan el proceso, también están los jóvenes que llegan con expectativas claras de formarse en áreas como deporte, educación física o atención a la primera infancia, viendo en estos programas una forma de aportar a sus comunidades.

Incluso se repiten casos de estudiantes que vienen de otros países y encuentran en este modelo una oportunidad para integrarse y proyectarse en Colombia, lo que evidencia que el impacto del programa no se limita a lo local, sino que empieza a cruzar fronteras.

A esto se suman perfiles que rompen con la idea tradicional del estudiante universitario, como personas mayores que deciden profesionalizar su experiencia, demostrando que la edad no es un obstáculo cuando existe interés por seguir aprendiendo y mejorar su entorno.

Formación con enfoque en el territorio

El CREO no funciona como un programa aislado, su lógica está ligada directamente a las necesidades de los municipios, por eso la oferta académica se enfoca en áreas que tienen impacto directo en las comunidades, como la atención a la primera infancia o el deporte, sectores que requieren talento formado y comprometido.

Desde la universidad, el acompañamiento no se queda en lo académico, también incluye procesos de orientación integral que buscan garantizar que los estudiantes puedan mantenerse en el sistema, adaptarse y avanzar, algo clave en contextos donde las dificultades económicas o sociales suelen interferir en la continuidad de los estudios.

En ese sentido, el papel de los equipos de bienestar, desarrollo estudiantil y apoyo psicológico se vuelve determinante, ya que son quienes sostienen gran parte del proceso silencioso que permite que los estudiantes no abandonen sus metas.

Lo que hoy se observa es un programa que sigue ampliando su alcance, consolidándose como un puente entre la educación superior y los territorios, en un departamento donde durante años el acceso a la universidad estuvo limitado por la distancia, los costos y la falta de oportunidades.

Más allá de las cifras o de los procesos institucionales, lo que termina marcando la diferencia son las historias que se construyen dentro de este modelo, estudiantes que encuentran una segunda oportunidad, jóvenes que inician su camino profesional y comunidades que empiezan a ver en la educación una herramienta concreta para cambiar su realidad.

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