Una inversión de 2,7 billones de pesos, casi 50 kilómetros de nueva vía, más de 160 en operación, y un componente social único en América Latina con viviendas palafíticas, así avanza el megaproyecto que promete transformar el Caribe colombiano.
La doble calzada entre Ciénaga y Barranquilla entra en fase de construcción, este lunes 20 de abril, con el inicio de los primeros 3,2 kilómetros, un tramo que conecta la variante de Ciénaga con el corregimiento de Tasajera, y que marca el arranque real de una obra que durante años estuvo en planes, estudios y discusiones.
Una obra billonaria con alcance regional
El proyecto tiene una inversión estimada de 2,7 billones de pesos, y contempla no solo la construcción de nueva infraestructura, también la intervención completa del corredor, con 49,92 kilómetros de doble calzada y 166,82 kilómetros en operación y mantenimiento, lo que la convierte en una de las apuestas más grandes en materia vial para el Caribe colombiano.
Se trata de una obra que impacta directamente la conexión entre dos ciudades clave del norte del país, pero que también mejora la movilidad en municipios intermedios y fortalece la dinámica económica de toda la región.
El modelo: una APP con responsabilidades compartidas
La ejecución se desarrolla bajo una Asociación Público-Privada (APP) conocida como Ruta Magdalena Sierra Mar, un modelo en el que el sector privado asume la construcción, operación y mantenimiento, mientras el Estado supervisa y garantiza el cumplimiento de los compromisos.
Este esquema permite que la obra no solo se construya, también tenga sostenibilidad en el tiempo, aunque implica un alto nivel de control para asegurar que los tiempos, la calidad y las condiciones pactadas se cumplan.
¿Por qué es única en América Latina?
El proyecto no solo se destaca por su complejidad técnica, también por su componente social, considerado único en la región, ya que incluye un modelo de compensación directa a comunidades.
Dentro de este esquema se contempla la construcción de dos islas palafíticas, cada una con 350 viviendas, destinadas a familias que habitan en zonas vulnerables a orillas de la Ciénaga Grande de Santa Marta, especialmente en jurisdicción de Puebloviejo.
Este tipo de intervención no es común en proyectos viales, ya que no se limita a compensaciones ambientales o económicas, también incorpora soluciones de vivienda adaptadas a las condiciones del territorio.
Más que viviendas: reubicación y ordenamiento
El componente social no termina en las viviendas, también incluye la instalación de módulos comerciales en zonas como Tasajera y el sector del puente Laureano Gómez, con el objetivo de reubicar a vendedores que durante años han trabajado al borde de la carretera.
Esto busca mejorar la seguridad vial, reducir riesgos y ordenar la actividad económica, sin dejar por fuera a quienes dependen de estas ventas para su sustento.
La inversión en este componente social supera los 60 mil millones de pesos, lo que evidencia el peso que tiene dentro del proyecto.
Una obra en un ecosistema sensible
Uno de los mayores retos está en su ubicación, la vía atraviesa la Ciénaga Grande, un ecosistema estratégico de manglares, agua y biodiversidad, lo que obliga a implementar soluciones de ingeniería especiales.
Esto incluye tramos elevados, sistemas hidráulicos y estructuras diseñadas para no afectar el flujo natural del agua, además de medidas de monitoreo ambiental constante, con el fin de evitar daños como los que en el pasado han afectado este territorio.
Impacto: movilidad, economía y turismo
El impacto de la obra se refleja en varios frentes, por un lado mejora la movilidad entre Ciénaga y Barranquilla, reduciendo tiempos de desplazamiento, por otro facilita el transporte de carga y fortalece sectores como el turismo.
Se estima que cerca de dos millones de personas se beneficiarán directa o indirectamente, especialmente en municipios como Sitionuevo y Puebloviejo, donde esta vía es clave para la vida diaria.
Tiempo de ejecución y retos
El proyecto tiene un plazo estimado de cinco años, aunque ese tiempo dependerá de factores como el clima, la complejidad técnica y el cumplimiento de las exigencias ambientales.
A esto se suma el reto de responder a las expectativas de la comunidad, que durante años ha esperado esta obra, pero que también exige que se ejecute sin afectar su entorno ni sus condiciones de vida.
Lo que está en juego
La doble calzada Ciénaga–Barranquilla no es solo una carretera, es una intervención que combina infraestructura, impacto social y sostenibilidad ambiental, en un territorio donde cualquier error puede tener consecuencias profundas.
El inicio de obras marca un avance, pero también abre la etapa más exigente, la de cumplir, ejecutar bien y demostrar que es posible desarrollar proyectos de gran escala sin repetir fallas del pasado.