El primer ciclo de 2026 ya está en marcha en todo el país, con un despliegue nacional que busca proteger el hato bovino y sostener el estatus sanitario que respalda las exportaciones.
Desde este lunes 4 de mayo comenzó en Colombia el primer ciclo de vacunación contra la fiebre aftosa, una jornada que se extenderá hasta el 23 de junio y que moviliza a miles de equipos en todo el territorio nacional. Se trata de una de las estrategias sanitarias más importantes del sector pecuario, no solo por la protección de los animales, sino por el impacto directo que tiene en la economía ganadera del país.
La operación, que se repite dos veces al año, busca inmunizar la totalidad del hato bovino y bufalino. En esta ocasión, cerca de 700 mil ganaderos están llamados a participar, lo que refleja la dimensión del proceso y el nivel de coordinación que se requiere para cumplir con las metas de cobertura.
Una jornada que va más allá de la aftosa
Aunque la atención suele centrarse en la fiebre aftosa, este ciclo incluye también la vacunación contra otras enfermedades que afectan la producción pecuaria. Entre ellas está la brucelosis bovina, que impacta la reproducción del ganado, y la rabia de origen silvestre, especialmente en regiones donde existe riesgo por la presencia de animales transmisores.
Esta combinación de vacunas responde a una lógica preventiva, es decir, no se trata solo de reaccionar ante brotes, sino de mantener controladas enfermedades que pueden generar pérdidas económicas significativas y afectar la estabilidad del sector.
Un engranaje nacional en movimiento
Detrás de esta jornada hay una estructura que funciona de manera articulada. La ejecución está en manos de la Federación Colombiana de Ganaderos, Fedegán, mientras que la supervisión corresponde al Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, entidad encargada de definir los lineamientos sanitarios.
A esto se suman 94 organizaciones ejecutoras ganaderas distribuidas en las regiones, que son las encargadas de llevar las brigadas hasta las fincas, organizar rutas y garantizar que la vacunación llegue incluso a las zonas más apartadas.
Este modelo ha permitido, en ciclos anteriores, alcanzar coberturas cercanas al 99 %, una cifra que resulta determinante para mantener el control de la enfermedad en el país.
Obligatorio y determinante para el sector
Uno de los aspectos clave del ciclo es su carácter obligatorio. Todos los ganaderos deben permitir la vacunación de sus animales, ya que el incumplimiento puede generar sanciones y, además, pone en riesgo el estatus sanitario de Colombia.
Ese estatus, reconocido como país libre de fiebre aftosa con vacunación, es fundamental para el comercio internacional. Sin este respaldo, las exportaciones de carne y productos derivados enfrentarían restricciones en mercados internacionales, lo que tendría efectos directos en los ingresos del sector.
Fechas y respaldo normativo
El ciclo fue establecido mediante la Resolución 06630 del 15 de abril de 2026, expedida por el ICA, donde se definieron las fechas, condiciones técnicas y la logística del proceso. Como es habitual, el país realiza dos jornadas de este tipo al año: la primera entre mayo y junio, y la segunda hacia finales de año.
Este calendario permite mantener un esquema constante de inmunización, reduciendo el riesgo de reaparición de la enfermedad y garantizando la continuidad de las condiciones sanitarias.
Impacto en el territorio
Más allá de las cifras, la vacunación tiene un efecto directo en el día a día de los productores. En regiones ganaderas, la llegada de las brigadas marca un momento clave, ya que de este proceso depende, en buena parte, la estabilidad de sus ingresos y la salud de sus animales.
Por eso, cada ciclo no solo se entiende como una obligación, sino como una acción necesaria para sostener la producción, evitar pérdidas y asegurar que Colombia siga cumpliendo con los estándares sanitarios que exige el mercado global.
Con el inicio de esta jornada, el país vuelve a poner en marcha una de sus principales herramientas de control sanitario, en un esfuerzo que, aunque se repite cada año, sigue siendo determinante para el presente y el futuro de la ganadería nacional.