Con unas autoridades ausentes, Santa Marta se convirtió en un bacanal de playas a reventar, riñas en toda la ciudad e indisciplina por doquier.
Con la reapertura de las playas el pasado mes de septiembre, la Alcaldía Distrital había sido reiterativa en la importancia del cuidado y la autoprotección.
Se abrieron los balnearios pero el virus no se ha ido, por lo que se dispuso de funcionarios que vigilaran el control de aforo y las medidas de bioseguridad.
La Policía tuvo que intervenir 95 riñas y 36 parrandas durante el fin de semana.