Desde hace dos meses, el señor Octaviano Romero vive en precarias condiciones en el inconcluso escenario deportivo que le encomendaron cuidar. El contratista a quien la Alcaldía de Santa Marta le adjudicó la obra, le adeuda desde hace más de dos meses $4.265.000 de su remuneración como vigilante.
Eran las 6:35 de la tarde del 29 de julio, Santa Marta festejaba 493 años de fundación; mientras tanto, un hombre detrás de unos barrotes y a oscuras demostraba necesidad.
La escena se ha vuelto normal para los vecinos del coliseo de Gaira quienes a diario pasan por el lugar para suministrarle algún tipo de ayuda al señor Octaviano Romero.

La única acompañante de Octaviano Guerrero es una fiel y tierna perrita.
Al verme, el semblante le cambió. Yo era una de las pocas visitas que recibe desde que convirtió el coliseo en su casa. Con amabilidad abrió la reja y atendió muy amable.
– ¿Cómo ha pasado don Octaviano? -pregunté-. – «¡Pues ahí vamos!. ¡En las mismas de siempre!»; -respondió-. Acomodó dos sillas en la entrada y se sentó a conversar.
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TRABAJADOR FIEL
Octaviano Romero, es un guajiro que llegó a Santa Marta a comienzos de 2017 con la intención de trabajar en albañilería, el oficio al que se ha dedicado los últimos 36 años.
En enero del año pasado fue contratado verbalmente por Orlando Silva, maestro de obra de remodelación. El acuerdo fue por $50.000 pesos por cada jornal de trabajo.
Octaviano Romero trabajó 10 meses en la remodelación del coliseo.



