Home Portada Santa Marta mueve fichas en Europa para blindar la Ebar Norte y frenar los rebosamientos de aguas residuales

Santa Marta mueve fichas en Europa para blindar la Ebar Norte y frenar los rebosamientos de aguas residuales

por Álvaro Quintana Mendoza
La imagen registra los trabajos adelantados en la Ebar Norte, donde equipos técnicos avanzan en la instalación y adecuación de nuevos sistemas para evitar futuros rebosamientos.

La ciudad avanza en una renovación técnica sin precedentes: nuevas rejillas alemanas, bombas suecas y un plan de choque que busca erradicar los episodios de rebose que afectan al Centro Histórico y otros sectores.

Santa Marta decidió replantear su infraestructura de saneamiento y lo está haciendo con tecnología de alto nivel. En un recorrido reciente por Alemania, integrantes del gabinete distrital verificaron el proceso de fabricación de las nuevas rejillas de cribado que serán instaladas en la Estación de Bombeo de Aguas Residuales (Ebar Norte), una de las piezas más críticas del sistema sanitario de la ciudad.

El viaje no fue protocolario ni turístico: fue una búsqueda técnica para traer a la capital del Magdalena equipos diseñados para soportar caudales elevados, cargas de residuos y exigencias que históricamente han generado colapsos en la estación.

Según el ingeniero Luis Felipe Gutiérrez, gerente de Infraestructura del Distrito, estas rejillas resolverán una de las fallas más repetitivas: la entrada de objetos de gran tamaño al sistema de bombeo. Estos cuerpos extraños han sido responsables de atascos que han frenado el funcionamiento de la Ebar, generando vertimientos directos en varios puntos, especialmente en el Centro Histórico.

Tecnología alemana para una ciudad que necesita respuestas

Las nuevas rejillas poseen un sistema automatizado que recoge partículas y evita que lleguen al tanque de bombeo. Están construidas en superdúplex, un acero inoxidable de alto rendimiento que resiste años de operación sin degradarse. No es un accesorio más: es un componente diseñado para soportar condiciones extremas y reducir la frecuencia de fallas que tanto daño han causado.

Su llegada está prevista para diciembre, y la instalación iniciaría en los primeros días de enero. El Distrito estima que, una vez entren en operación, la Ebar Norte podrá trabajar con mayor estabilidad, disminuyendo de manera sustancial los rebosamientos que afectan a residentes, comerciantes y turistas.

La inversión ronda los 31 mil millones de pesos, una cifra que, según la administración, está orientada a garantizar un funcionamiento estable y duradero.

Un plan de choque que se expande hacia otros frentes

La Ebar Norte no es el único frente activo. En Suecia se adquirieron dos bombas sumergibles para reforzar el sistema. Una ya fue instalada y está funcionando; la segunda llegará en las próximas semanas.

Además, el Distrito puso en marcha un manifold provisional que estabiliza temporalmente los flujos de aguas residuales, mientras avanza la construcción del manifold definitivo, que permitirá operar con mayor capacidad y reducir la vulnerabilidad de la red.

Gutiérrez fue claro en señalar que durante años la ciudad enfrentó problemas por fallas en equipos que nunca tuvieron reemplazo adecuado. Hoy, el enfoque es distinto: obtener tecnología moderna y garantizar que el sistema cuente con lo necesario para operar sin interrupciones.

Santa Marta quiere llegar a la temporada alta sin emergencias

La administración trabaja contrarreloj. Con la llegada de miles de visitantes en diciembre y enero, la meta es evitar episodios que afecten las zonas más concurridas. Por eso se fortaleció el trabajo conjunto con la Essmar para ejecutar medidas preventivas, monitorear puntos críticos y acelerar la puesta en operación de los nuevos equipos.

El Distrito reconoció que este proceso ha requerido ajustes y ha generado molestias. Sin embargo, la administración insiste en que la prioridad es dejar un sistema estable y confiable, capaz de soportar la demanda de una ciudad que sigue creciendo.

Los trabajos continúan. Las importaciones avanzan. Las instalaciones tienen fechas definidas. Y Santa Marta parece estar entrando en una fase de renovación técnica que, de completarse, cambiará la manera en que la ciudad maneja uno de sus desafíos históricos: evitar que las aguas residuales terminen en las calles.

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